Por Imma Marín – Presidenta de IPA España i Fundadora de Marinva (www.immamarin.com; www.jugaresderecho.org; www.marinva.es)

Estaremos de acuerdo en que el patio es uno de los pocos espacios, si no el único, concebido exclusivamente para el juego y recreo de los niños y niñas y, a la vez, un espacio educativo dentro de los centros escolares. Estos dos aspectos lo convierten en un espacio privilegiado, lleno de recursos y posibilidades para el aprendizaje, lugar de fiesta, celebración y convivencia, esencial en el desarrollo de la capacidad de jugar y, por extensión, de todos sus beneficios educativos.

Parece pues que, el espacio y el tiempo del patio, pueden y deben incidir positivamente en el aprendizaje social y creativo del alumnado. De hecho, el tiempo de recreo, constituye para muchos, el tiempo de juego y convivencia más intenso del día. Son 525 horas dentro del horario escolar (contando exclusivamente los 30’ diarios del recreo de la mañana), más de las dedicadas a la educación física o las mismas que ocupan materias como el aprendizaje de la lengua extranjera.

El patio de recreo nos ofrece no sólo el movimiento y el descanso al aire libre, si no la posibilidad de disfrutar del espacio temporal, físico y simbólico necesario para el desarrollo del juego. Desde esta perspectiva, el tiempo de juego supone un inestimable recurso que favorece el desarrollo de los niños y se convierte en un importante aliado en el entorno escolar, en dos aspectos básicos:

  • Crecimiento personal, con repercusiones directas en la autoestima, la gestión emocional, el conocimiento de uno mismo, la toma de decisiones, la motivación para la relación y el entendimiento con los demás desde la autonomía, la capacidad de iniciativa, las defensas a la frustración, etc.
  • Convivencia con los demás respetando las normas y hábitos cívicos, la resolución de conflictos a través del diálogo, el autocontrol, la asunción de obligaciones y responsabilidades, la mejora en las formas de organización, cooperación y colaboración, la puesta en práctica de valores y actitudes, etc.

En definitiva, aprendizajes vivenciales y significativos, imprescindibles en una escuela que pretende educar y no solo enseñar.

Sin embargo, una simple mirada a los patios, nos confirma que, a pesar de todos los argumentos expresados, continúan siendo grises, pobres en espacios, diseños y equipamientos; a menudo poco confortables y estimuladores y muy alejados de la naturaleza. Cestas de básquet, porterías de futbol, cemento; algún que otro juego pintado ahora ya despintado. En general desorganizados y estereotipados. Con los niños varones jugando al futbol en el espacio central y las niñas marginadas en los laterales, manteniendo una realidad poco compatible con la coeducación que decimos educar. Está claro que su aprovechamiento como espacios de educación y crecimiento de la sociabilidad, convivencia, curiosidad, exploración y creatividad es insignificante comparando con su potencial.

Me atrevo a decir que una escuela, no está cumpliendo su misión, ni pueda aspirar a ser excelente, si no incorpora el patio como espacio exterior de aprendizaje dentro del Proyecto Educativo de centro.

En este sentido, la pregunta clave que proponemos formular no es como queremos que sea el patio, o que haremos para hacerlo más atractivo o rico en propuestas. Por supuesto que ha de ser más atractivo y rico, pero ha de serlo en función de aquello que queremos que pase en nuestro patio, de aquello que queremos que suceda, que queremos provocar. La respuesta vendrá condicionada en parte por el diagnóstico previo que la escuela haga de su patio. Para algunas será hacer disminuir los conflictos, o que el alumnado aprenda a resolverlos sin la necesidad permanente de la mediación adulta, que se eviten los accidentes, que no solo se juegue a futbol, etc.

Con la mirada puesta en el juego y en el sano desarrollo de nuestro alumnado, seguro que querremos que en nuestro patio su juego sea rico y diverso, que sea realmente un espacio de de creación y re-creación de aquello vivido, que estimule la exploración i los descubrimientos; en donde los valores de coeducación que se trabajan en el aula, se favorezcan y se transfieran también en el espacio de recreo, donde niños, niñas y adolescentes tengan recursos para gestionar sus conflictos y se sientan autónomos.

Entones, si queremos que en nuestro patio pasen todas estas cosas, necesitamos preguntarnos qué haremos para conseguirlo. Y esta respuesta necesita de algo más (y más profundo) que un cambio morfológico, seguro que necesario pero insuficiente. Necesitaremos una real transformación de la mirada de los adultos en cinco aspectos determinantes:

  • El patio como espacio lúdico exterior de aprendizaje: concebido con criterios educativos y en donde se desarrollen actividades competenciales más allá de las propias de la educación física.
  • Niñas y niños se sienten libres para decidir qué hacer, con quien y como lo hacen: participan de su ideación y dinamización. Son y se sienten corresponsables, disponiendo de recursos lúdicos suficientes para el desarrollo del juego libre.
  • Los equipos educativos (entendidos como el conjunto de personal docente y no docente de la escuela) son facilitadores de juego y aprendizajes: son y actúan como cómplices del juego “dejando jugar”, con una mirada y presencia llena de intencionalidad educativa y poca intervención.
  • La morfología del espacio facilita y promueve el juego libre y espontáneo: con diversidad de superficies, niveles y elementos lúdicos estructurados y no estructurados, incluyendo gradas, porches, etc. Espacios seguros y accesibles, en un entorno de naturaleza.
  • Las familias valoran y se hacen suyo el espacio de juego: entienden el patio como recurso educativo de juego y aprendizajes. Y son y se sienten corresponsables.

Si concluimos que el patio es un espacio exterior de aprendizaje, estamos ampliando de manera importante nuestros recursos y favoreciendo nuevas oportunidades educativas y también organizativas.

La pandemia del COVID-19 puede ser, si así lo decidimos, un disparador de esta transformación del patio ya que nos ofrece una gran oportunidad de ampliar los espacios de aprendizaje con nuevos espacios al aire libre, donde circula el aire y nos llega el oxígeno y la luz, en un ambiente de naturaleza, estimulador de la curiosidad y la capacidad de asombro.

¿Juegas?

Compartir en...
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter

Leave a Reply