En los últimos años han surgido una gran cantidad de proyectos que usan la tecnología para colaborar con alumnado que no puede asistir de forma regular a las clases. En otras ocasiones, también se han utilizado los nuevos medios, para posibilitar que grupos de estudiantes puedan tener acceso a una serie de asignaturas, vía internet. De esta forma, se hace posible llevar el conocimiento a lugares donde no se ha desarrollado todavía una red pública de formación que pueda cubrir todas las etapas educativas.


Es significativo el hecho de que no se trata de procesos de trabajo individuales, sino de propuestas colaborativas donde los estudiantes interaccionan para adquirir el conocimiento. Particularmente interesantes en este aspecto, han sido los trabajos realizados en lugares donde los estudiantes prácticamente no habían tenido contacto previo con ordenadores o tabletas. En estos casos, los alumnos no sólo han comprendido los contenidos explicados, sino que han aprendido, de forma totalmente intuitiva, a relacionarse con la interfaz gráfica.

Es interesantísimo ver algunos vídeos donde cada estudiante va descubriendo detalles, como si fueran pistas, que les llevan a comprender el funcionamiento del ordenador mientras están aprendiendo constantemente diferentes contenidos. A ese respecto se puede ver el siguiente vídeo: http://www.ted.com/talks/sugata_mitra_build_a_school_in_the_cloud.html

Hablo de todo esto por dos cuestiones: la primera de ellas es poner de relieve determinados proyectos y profesionales que han hecho un trabajo maravilloso por llevar la educación a diferentes sitios del mundo, gracias al uso de las nuevas tecnologías. La segunda es comprobar que, incluso cuando se utiliza algo tan artificial como puede ser un ordenador o una tableta, lo que garantiza la adquisición adecuada del conocimiento es el trabajo humano de colaboración que hay alrededor de los contenidos interactivos. Este punto muestra como la convivencia entre iguales, y el esfuerzo común, hacen posible obtener siempre mejores resultados.


La educación en cualquier lugar
Es una alegría saber que la educación puede llegar a todas partes.  Incluso las zonas que, por cuestiones económicas o dificultades geográficas, tendrían serias complicaciones para ofertar una educación media o superior, pueden utilizar recursos en línea que den respuesta a sus necesidades.

Hay muchas universidades, tanto extranjeras como españolas, que han comenzado a utilizar materiales multimedia para documentar sus clases o crear recursos que pueden ser aprovechados por cualquier persona en el mundo. Algunos, incluso, han empezado a desarrollar plataformas colaborativas para lograr que todas sus clases tengan subtítulos en diferentes idiomas. Muestra del enorme interés que levantan, es la gran cantidad de apoyos que tienen en esa tarea. Personas anónimas que ponen su conocimiento a disposición de los demás, sea para dar clases, para traducirlas, para subtitularlas o para editar los vídeos.

 

Sin darnos cuenta, estamos caminando hacia una escuela global donde todos ponemos nuestras aportación al servicio de los otros. Y lo curioso es que este tipo de iniciativas son, cada vez, más comunes. Parece que el mundo digital está haciéndose, incluso, más civilizado que el mundo real. Recientemente observé como una compañera de trabajo le negaba unos apuntes a otra, siendo una clara defensora de compartir sus propias creaciones digitales en internet. Pensando sobre ello, me doy cuenta de que la cultura digital lleva inmerso en su ADN esta idea de que compartir conocimientos enriquece las aportaciones individuales, mientras que en el mundo real no tenemos este principio. Creo que estas cuestiones están relacionadas con el ámbito en el que se producen. Dentro de un espacio cercano, casi tribal, las personas a nuestro alrededor pueden ser a un tiempo colaboradoras y competidoras, sin embargo, en el mundo global, la idea de la competencia se convierte en algo tan abstracto como lejano. Que un profesor en España comparta materiales con un compañero suyo en Perú, simplemente los enriquece a ambos, y ninguno de los dos evitaría ayudar a una persona que plantea una duda en un foro. Sabemos perfectamente que, el hecho de que existan estos ámbitos, nos permite contactar con una serie de personas que también podrán ayudarnos en el futuro si tenemos una duda.

 

¿Cómo será la convivencia en una escuela global?

Las diferentes comunidades de aprendizaje que se pueden observar en la red no sólo mantienen una relación bastante fluida, sino además muy funcional y dinámica. Es curioso como muchas de esas comunidades, en algunos casos, han servido como base para el desarrollo posterior de propuestas fuera del mundo online.

Quizá, al hablar sobre convivencia en el mundo virtual, lo más destacado sea resaltar la idea que he comentado anteriormente. El hecho es que las comunidades virtuales y los foros de aprendizaje que mejor funcionan, se están construyendo sobre procesos de colaboración, sobre materiales compartidos y sobre esfuerzos comunes. Metodologías mayoritariamente aceptadas como metas para el mundo real, pero que proliferan, curiosamente, mucho más en el mundo virtual.

Me pregunto si no será posible, que, poco a poco, nos demos cuenta de que esos mismos procesos que estamos trabajando con desconocidos, son igual de efectivos con las personas que tenemos a nuestro alrededor. Así, tanto en un ámbito como en otro, podremos obtener mejores resultados.

 

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