“Mucha gente pequeña en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas pueden cambiar el mundo”

Cuando estoy pensando en las ideas para el post me asalta la noticia de la desaparición de Eduardo Galeano y no puedo por menos que volverme hacia este hombre de mirada profunda, conocedor … e inspirador de muchas de las historias de personas capaces de salir de si mismas y ponerse al alcance de las otras: el inicio de cualquier acción de voluntariado.

Poeta, narrador y lúcido analista supo ver que lo mejor que tiene la vida es la capacidad de sorpresa y así supo hacer sencillas aquellas cuestiones enrevesadas, explicando cómo se enroca y autopromociona el poder, llevando la mirada hacia las cunetas de la sociedad, poniéndonos en atención frente a la fuerza de lo pequeño y de los detalles, con la capacidad de «positivizar» lo cotidiano…

La labor que realiza la persona voluntaria, esas personas de la que venimos hablando en este blog, tiene mucho de denuncia y propuesta y eso exige aprender a mirar, a escuchar, a sentir… como nos avisaba el escritor de Montevideo para no ser mudos, hay que empezar por no ser sordos. Esa es la manera de cambiar nuestro mundo.

Es cierto que todos soñamos con un mundo mejor, cada uno, cada una podemos contribuir a mejorarlo y recordar como decía Servern Suzuki que somos los que hacemos, no lo que decimos o dicho de otra manera: La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se desplaza diez pasos más allá…

Permitidme que acabe con un pequeño cuento:

«Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo. A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos. El mundo es eso -reveló- Un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende» Eduardo Galeano

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