Tal como explicamos en un post anterior, en nuestro instituto, desde la materia de Educación para la Ciudadanía, colaboramos en la campaña de recogida de alimentos que organizaban los Bancos de alimentos de Catalunya el pasado 30 de noviembre. La campaña llevaba como nombre de El Gran Recapte y hoy podemos decir que fué todo un éxito. Se recaptaron 16.000 quilos de alimentos en todo el municipio destinados a las personas más necesitadas de nuestro país, a la vez que se aproximó a los alumnos a una realidad que desgraciadamente forma parte del día a día de nuestra sociedad.

 

Parece ser que a partir del próximo curso, actividades como ésta dejaran de tener un espacio en el currículum escolar, ya que nuestro actual Ministro de Educación y Cultura no las considera apropiadas para la formación de nuestros ciudadanos.

Hace unas semanas se dieron a conocer algunos de los contenidos del borrador que substituye a Educación para la Ciudadanía que ha sido eliminada del currículum por el actual gobierno a causa de su “alta carga ideológica”. En su lugar se implantará una asignatura que formará a los estudiantes en el concepto constitucional de la nación española, a estimar la misión de las Fuerzas Armadas, a concebir como un problema algunos avances científicos como el uso de las células madre, a defender la importancia de pagar impuestos y a condenar la eutanasia. No olvidemos  además la reciente noticia con la que nos ha deleitado la Junta de Castilla y León, que en pleno contexto de crisis y recortes, destinará 303.000 euros a clases de caza en los colegios públicos.

El mismo gobierno que ahora ataca la objeción de conciencia, animaba a las familias españolas a acogerse a dicho derecho hace unos años, ante la materia de Educación para la Ciudadanía aprobada por Rodríguez Zapatero, advirtiendo que el Estado pretendía suplantar a las familias en la formación de la conciencia de sus hijos. Una muestra más de la poca coherencia que impera en nuestros gobiernos.

No hay que ser muy hábil para darse cuenta que la educación en nuestro país está sometida a unos criterios plenamente partidistas y no a unos conocimientos pedagógicos y teorías educativas encaminadas a mejorar la calidad de la enseñanza. Siete son ya las leyes que se han sucedido en democracia, y mientras los políticos discuten, los jóvenes de nuestro país, el futuro de nuestro país, se encuentra desatendido. Mientras el presupuesto destinado a gasto militar se cifra este 2014 en 40 millones de euros al día en nuestro país, que no olvidemos, está en crisis, el presupuesto destinado a educación se reduce más del 13%. Reducción de plantillas, recortes del 30% del presupuesto destinado a luz, agua e infraestructuras haciendo que no dispongamos de espacios dignos para ejercer nuestra labor, aumento de ratios, profesionales en paro, perdida del 50% del personal dedicado a la atención de alumnos con Necesidades Educativas Especiales, pérdida de becas y aumento de tasas impidiendo a muchos el acceso a estudios superiores… Recortes que inciden en la atención del alumnado, los centros, los profesionales y servicios educativos, y por lo tanto a la calidad de la enseñanza. Con cifras como éstas es difícil no incidir en clase en los principios defendidos por nuestro amigo Thoreau.

Muchos creemos que la educación es la mejor herramienta que tenemos para superar la actual crisis económica y social y que la educación pública es la única que puede garantizar la cohesión social, valores como la solidaridad, la no discriminación y la igualdad de posibilidades para todas las personas. Y me parece a mí que el camino escogido por los que nos representan no es el más adecuado.  

Yo mientras tanto me quedo con la motivación de mis alumnos y la satisfacción de incidir aunque sólo sea un poquito, en la formación de unos futuros ciudadanos sensibilizados con las injusticias.

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Me gustaría acabar con una cita que hace unos días me llegó a través de las redes sociales y creo que es una buena forma de concluir este artículo. A pesar de estar escrita en el siglo pasado no se aleja mucho del momento actual.

Un país que destruye la Educación Pública no lo hace nunca por dinero, porqué falten recursos o su coste sea excesivo. Un país que desmonta la Educación, las Artes y las Culturas, está ya gobernado por aquellos que sólo tiene algo que perder con la difusión del saber. (Italo Calvino, 1974)

 

 

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