Durante las últimas semanas, por cuestiones derivadas de mi trabajo en el centro, no he parado de hablar con Equipos Directivos y Equipos de Orientación sobre dos cuestiones que me preocupan bastante: la integración del alumnado de muy diferentes edades dentro de un mismo centro y el cambio que experimentan los estudiantes al pasar de primaria a secundaria. De todas esas conversaciones he acabado recopilando toda una serie de consejos, recomendaciones, y, sobre todo, indicaciones sobre cómo podemos facilitar estas cuestiones desde los centros educativos. Simultáneamente, también he visto como algunas aportaciones de las asociaciones de padres y madres, han resultado cruciales para mejorar la convivencia, potenciar la integración del alumnado y favorecer un clima de respeto mutuo y colaboración constante.El paso de la Educación Primaria a la Educación Secundaria

Lo primero que debemos tener en cuenta es la preocupación que provoca este proceso tanto para las familias como para los propios estudiantes. Se producen cambios pedagógicos, un aumento en el número de asignaturas, en el número de docentes y en el número de estudiantes con los que van a compartir el espacio. Estos estudiantes pueden acusar los cambios de formas muy diferentes. En algunos casos, se adaptarán con rapidez, pero, en otros, la situación, aunque sea inicialmente, les resultará bastante complicada. Los que hemos trabajado tanto en educación primaria como en educación secundaria, sabemos que hay mucha diferencia, tanto en la actitud de los docentes hacia los estudiantes, como en la metodología utilizada en las aulas para impartir las diferentes áreas. El alumnado, en primaria, está muy acostumbrado a que los maestros hagan un esfuerzo especial para buscar estrategias pedagógicas que hagan más accesible el conocimiento. En educación secundaria, sin embargo, los profesores están más centrados en impartir la materia, dando por hecho que el alumnado debe haber adquirido unas técnicas de estudio, así como una adecuada organización de los tiempos que dedica al estudio de las diferentes áreas. Esta diferencia no es ni buena ni mala, simplemente, de forma general, se produce. Y es importante que, como profesores, seamos capaces de comprender que algunas actitudes de los alumnos se deberán, no tanto al hecho de que no entiendan una parte de la explicación, sino a que no comprenden adecuadamente el proceso de trabajo y el esfuerzo que estamos haciendo, ya que están acostumbrados a otra metodología.

Por esta cuestión, considero que sería especialmente importante una mayor coordinación entre los maestros de primaria y los profesores de secundaria, para lograr que el cambio sea lo menos traumático posible para nuestros estudiantes. Hay muchos centros donde ya se llevan a cabo actuaciones, convocando reuniones entre los docentes de lo colegios y los institutos para aunar criterios y mejorar la integración del alumnado de Primero de la ESO. Por otro lado, en los centros que tenemos tanto educación primaria como educación secundaria, resulta bastante más sencillo establecer esas estrategias. A mí meparecee particularmente interesante, ya que la forma de enfocar las distintas materias por parte de los diferentes profesores, provoca una aprendizaje continuado que resulta constructivo a lo largo de todo el curso. Tanto las fórmulas para favorecer la participación y la autonomía usadas normalmente por los profesores de secundaria, como todas las herramientas pedagógicas que utilizan los profesores de primaria, se combinan juntas a la perfección. Y el resultado tiene como beneficiarios a unos alumnos que agradecerán la oportunidad de aprender nuevas estrategias, sin perder la metodología que conocían y que les funcionaba en los cursos previos. 

Convivencia en la transición entre etapas

Una de las cuestiones que más se ve afectada en este proceso, es la convivencia en los centros. Muchas familias, preocupadas por el cambio que están viendo en sus hijos, recurren a los profesores preocupadas. En todas estas reuniones, los docentes solemos incidir en la necesidad de establecer estrategias comunes entre las familias y el profesorado. De la misma manera que la mayor parte de los centros educativos contamos con planes que facilitan la integración de los estudiantes en el centro, es importante que seamos capaces de comunicar adecuadamente a las familias la nueva situación que van a vivir sus hijos, y a solicitar su colaboración en las cuestiones necesarias. Algunos IES, tienen particularmente bien organizada esta entrada en el instituto, e incluso le ofrecen a las familias dípticos informativos (puede verse, como ejemplo, este decálogo organizado por Jesús Jarque García)

Otra de las cuestiones que se está empezando a fomentar, tanto desde los centros educativos como desde los propios Ayuntamientos, es la realización de actividades que van conectando a alumnos de los IES con estudiantes de sexto de primaria. En algunos lugares se pueden encontrar incluso fundaciones o asociaciones que se dedican a ello: podemos destacar el trabajo que hace a este respecto la Mancomunidad de Servicios Sociales Vega del Guadalix, que tiene un programa de acompañamiento de los estudiantes de primaria a secundaria en zonas rurales.

En los centros donde la educación primaria y la educación secundaria se encuentran en el mismo espacio, resulta mucho más sencillo establecer dinámicas conjuntas. A través de dichas actividades, el alumnado de sexto de primaria va conociendo las instalaciones de secundaria y aprende a compartir espacios con el resto de sus compañeros. Sería importante que, mediante una mayor comunicación entre los Colegios de Primaria y los Institutos de Secundaria, lográramos establecer unas dinámicas que favorecieran este paso del alumnado. Muchos centros lo están haciendo y consiguen una integración más rápida, más funcional y, sobre todo, menos preocupante para estudiantes y familias.

Este tipo de iniciativas pueden ser especialmente interesantes para fomentar una colaboración y una convivencia adecuada. La línea de separación entre Educación Primaria  y Educación Secundaria la hemos colocado los adultos, puesto que los los alumnos, por mucho que van desarrollándose y avanzando en su vida, lo hacen siguiendo su propio ritmo. Que impongamos un cambio de estas características, no deja de ser un problema para ellos, que no dejan de percibirlo como algo artificial. Por eso, cuanto más normalicemos estas cuestiones, mejor se adaptarán nuestros estudiantes, y menos tardarán en disfrutar de esta nueva etapa de su vida.

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