Empiezo a escribir este post antes de las elecciones del 24 de mayo a los Ayuntamientos y a las Comunidades Autónomas, aunque se publicará justo después de las elecciones cuando ya conozcamos los resultados que ha deparado nuestro voto.

En realidad lo que pido no tiene que ver el signo político de la lista más votada o de las coaliciones que se creen para gobernar; lo que pido tiene que ver con los derechos de la infancia… y en concreto con esa parte que es la educación. Algo tan sensible como fundamental en cualquier sociedad.

Me gustaría que los futuros gobiernos locales y autonómicos se tomaran muy en serio la educación. Tan en serio que realmente fuera una prioridad. Prioridad significa crear políticas donde la educación se ponga en el centro del debate, significa destinar recursos económicos y humanos, promover reuniones con todos los estamentos educativos y escucharles atentos. Prioridad significa no hacer de la educación una cuestión de partido, sino una cuestión de sociedad, como bien apunta Forges.

Estas políticas deberían promover los trabajos de investigación de nuevas metodologías educativas, observadoras de todas las nuevas ideas que ya están en marcha; políticas capaces de reforzar el gran y buen trabajo que muchos educadores y educadoras ya están realizando en sus centros; políticas que se hagan eco de los avances sociales y que no dejen de mirar hacia los estamentos sociales en dificultad de cualquier tipo. Políticas que pongan en el centro a las personas y su entorno.

Estas políticas deberían escuchar atentas a la calle, reconocer la educación que se va pidiendo, en contacto con la vida, una educación donde las aulas no sean espacios alejados de la vida cotidiana, sino reflejo de la misma sociedad que entre todos y todas vamos tejiendo…

Una buena política educativa no es ajena, no puede ser ajena a las políticas sociales. Ambas van de la mano. El cuidado y atención a la infancia debe ser integral. De nada sirve un innovador proyecto educativo sino cuido los entornos socioeconómicos.

Si votamos y elegimos, como hemos hecho, a los políticos que están más cerca de la ciudadanía -los ayuntamientos-, que menos que pedir qué también estén cerca de la educación. Nos jugamos mucho, nos jugamos el futuro de nuestra sociedad, construimos hoy mirando al futuro. La educación, la vida de los centros escolares, es algo tan serio que debería ser uno de los ejes de los proyectos políticos.

Ojalá que nos sigamos encontrando día a día y nos sorprendamos viendo que «esto de la educación» es una prioridad!

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