Vivimos en un país en el que si se puede no se paga el IVA (a la vez que se reclama educación pública, pensiones dignas y sanidad fetén), en el que nuestros ancianos no respetan una sola cola, en el que las colillas van al suelo por no se sabe muy bien qué criterio higiénico, en el que sólo se entiende una manera de comunicación (a gritos), en el que la familia va antes que nuestro propio hermano (por muy contradictorio que parezca) y en el que presumir de algo (coche, mujer o equipo de fútbol) forma parte de nuestra misógina, cutre y ruidosa forma de ser. Marca España.

Y Torrente (la película y el personaje), en efecto, son todo eso. Todo eso resumido en un solo gesto: el palillo recién utilizado y colocado de nuevo en el sitio exacto en el que se ha cogido. Hay un principio que es la fuerza motora del ser hispánico: los demás no son yo y que les den. Decía Santiago Segura, creador de la criatura, que si tiene que elegir una escena del cine español es ésa en la que Cassen, recién hospitalizado, es visitado por sus colegas en Atraco a las tres. Apenas le sirven la comida al enfermo, todos se lanzan a por ella. Es gratis y somos españoles”.

Este texto tan redondo como cínico, mordaz e ingenioso es un fragmento de la crítica de cine de Luis Martínez en El Mundo respecto al estreno de la película Torrente 5. Operación Eurovegas (ver crítica completa aquí).

Da para un comentario de texto en diversas asignaturas y si se quiere y puede para clase de ética o filosofía (si es que todavía existe). Semejante pluma, tan sarcástica como incisiva, define las líneas de una patria cañí y de un modus vivendi. Sinceramente es un recurso maravilloso para trabajar con alumnos. Basta plantearlo y rápidamente obtendremos un encendido debate con pros y contras sobre valores, aspiraciones de futuro, modelos de productividad, prototipos de país, repertorio de “tipología humana”, qué es y no es la educación, ideales de ambición y hasta de diseño, moda, gastronomía, juegos o automóviles atronadores… Y unos dirán que es un fiel reflejo de nuestra realidad, mientras que otros defenderán que se trata de una caricatura esperpéntica que deforma lo más próximo. Bueno, entre el blanco y el negro existe una amplia gama de grises, que contentan al más tiquismiquis. Podemos especular entre héroes y antihéroes, definiciones del “bien y el mal” a la manera de las fábulas de Andersen o Perrault e incluir en la mesa de juego a nuestra juventud “made in Spain”, que se divide, de forma exageradamente reduccionista, entre adolescentes brillantes y excepcionalmente formados, con jóvenes etiquetados de “ni-nis” a la espera de mejores amaneceres y con amplios grupos de zagales que no encuentran ningún referente válido, a no ser el pesimismo, el desánimo y la desesperanza o caen en manos de quienes prometen el paraíso a la vuelta de la esquina. Quizás nos estamos “torrenteando”.

Fotografía de blogs.elpais.com.

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