Fotografía en http://brujulaysextante.files.wordpress.com

La cara visible de la Ruta Quetzal es, sin duda, Miguel de la Quadra-Salcedo quien ha hecho méritos suficientes para optar al Premio Príncipe de Asturias. Es una sugerencia y opinión personal, pero podría convertirse en titular, en justo reconocimiento.

Ahora que estamos en verano, con el curso académico terminado, con alumnos y profesores descansando mientras se planean mejoras, deseos y legítimas aspiraciones acaba de concluir una edición más, y ya van 29 consecutivas (pongamos vigésimo novena) de la llamada Ruta BBVA.

¿Y a qué viene todo esto en un blog de educación, especializado en integración, interculturalidad y atención a la diversidad? Pues probablemente viene a cuento porque los objetivos de este blog son los mismos que el programa creado por Miguel de la Quadra-Salcedo (Madrid, 1932) conocido como Aventura 92 (desde 1989 a 1992), Ruta Quetzal (desde 1993 a 2012) y Ruta BBVA Jóvenes por un futuro mejor (desde 2013 hasta hoy).

Como reza en numerosas páginas web, desde la oficial (ruta bbva), wikipedia (ruta Quetzal), foros en las redes sociales y demás, se trata de un programa de educación e intercambio cultural de jóvenes creado y dirigido por Miguel de la Quadra-Salcedo para poder realizar viajes de estudio geográfico, histórico y medioambiental de carácter iberoamericano. El programa se desarrolla ininterrumpidamente desde 1988 (con dos ediciones anteriores en 1979 y 1985) y reúne cada verano durante 45 días, a unos 350-500 jóvenes de 16 y 17 años en un viaje de ida y vuelta entre América Latina y España. Por el momento, el programa ha becado a más de 9.000 jóvenes de 58 países. Con un programa educativo dirigido por la Universidad Complutense de Madrid, este proyecto ha sido declarado de Interés Universal por la UNESCO, de Interés Nacional en más de 30 países y está avalado por la Unión Europea.

La idea básica es buscar la integración de territorios a ambos lados del Océano Atlántico que comparten lengua española y portuguesa y las bases de una civilización centenaria, siguiendo rutas centenarias de aventureros y legendarios descubridores (mundo aimara, Zipango, Antillas, Orinoco, mundo maya, Amazonas, mundo del futuro, Hibueras, mundo guaraní, mundo inca, Potosí, primera expedición científica, selva del Orinoco, Mar del Sur, expediciones carolinas, Spondylus, Cattígara, Montañas del Parayso, volcanes mexicanos, Ciudades de los Reyes, ciudades perdidas mayas, Nao de la China, Río de los Cocodrilos, isla de Robinson Crusoe, caminos blancos mayas, desierto moche, Nuevo Reyno de Granada, selva del Darién y en busca de las fuentes del Río Amazonas).

La interculturalidad del proyecto muestra el riquísimo y vasto patrimonio material e inmaterial de las civilizaciones iberoamericanas, además de desarrollar un plan formativo con actividades académicas, culturales y deportivas. En estos 35 años y 29 ediciones se han recorrido más de 20 países y, cada uno de los participantes, ha experimentado el impacto de descubrir otras culturas y otros valores.

Este programa también fomenta la atención a la diversidad y, sobre todo, el respeto por ella. A estas edades, con 16 y 17 años de edad, la formación del carácter y el espíritu de nuestros adolescentes quedan definidos y marcados por sus vivencias cotidianas y su entorno de amigos. Una experiencia educativa de 45 días que supone, por lo general, un intercambio y, muy a menudo, un impacto con lo diferente, tan apasionado como diverso (geográfico, cultural, emocional, social, histórico) perfila una nueva dimensión humana más comprometida y reflexiva, incluso una escala de valores más ajustada.

Según las bases de la Fundación Príncipe de Asturias, se otorga el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia “a la persona, institución, grupo de personas o de instituciones cuya labor contribuya de forma relevante a la defensa de los derechos humanos, al fomento de la paz, de la libertad, de la solidaridad, de la protección del patrimonio y, en general, al progreso de la humanidad”. Por tener una idea sobre la verdadera integración, la interculturalidad iberoamericana y de atención a la diversidad cultural, económica, social y patrimonial a ambos lados del Océano Atlántico y, muy especialmente, por llevarla a cabo con éxito y mantenerla en el tiempo, fomentando una mentalidad honesta, pacífica, justa y solidaria en miles de jóvenes (y perdonen el alegato ad hominem, pero desde este blog y como antigua aventurera de la Expedición 1990 Rumbo al mundo maya, con mi hermano en la Expedición 1991 Rumbo al Amazonas y hoy como profesora de algún futuro rutero), desde aquí se pide el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia para Miguel de la Quadra-Salcedo.

Compartir en...
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter