Comienzo de nuevo en este Blog. El verano quedó atrás, atrás, ya muy atrás… Quiero empezar agradeciendo a la FAD la oportunidad de este espacio, ventana de comunicación que nos provoca y nos sugiere. El conjunto de los blogs de Acción Magistral ofrece una gran riqueza de pensamiento, como una biblioteca de la cotidianidad.

Cuando pensaba en el contenido de este post no puedo abstraerme de la realidad que estamos viviendo en esta última semana de octubre de 2014. Dejo de lado el tema del que quería hablar y me centro en lo que acontece que, adelanto, me horroriza, me indigna y me asquea.

Al hilo de las imputaciones los políticos piden perdón y está bien, cómo no iba a estar bien pedir perdón!. Sé que no es fácil enfrentarse a un medio de comunicación y entonar el mea culpa. Ya lo decía Elton John en una de sus más afanadas canciones: “Lo más difícil de todo fue pedir perdón”.

Quiero creer que este pedir perdón no obedece a una estrategia basada en votos y envestida de humildad…, quiero creer que se pide perdón desde el respeto que merecen todas las personas que habitamos este país y desde la vocación que las personas ocupadas en lo público han de tener por el bien común.

Pero…, ya no basta con pedir perdón y reconocer errores, es necesario articular medidas efectivas contra la corrupción. No es que sea necesario, creo, un gran pacto de estado. Basta con ponerse a trabajar en la seguridad que todos los partidos políticos apoyarían iniciativas eficaces y eficientes en ese sentido.

Esta situación, que vivimos de un tiempo acá, dificulta notablemente nuestra labor como educadores y educadoras que apostamos por los valores, por la participación e implicación de las personas. Intentamos, detrás de la labor educativa que realizamos cada día, apoyar la construcción de personas honradas, preocupadas por su comunidad, atentas al interés general. Y desde luego, nada apoya a nuestra tarea ejemplos como los que vemos día a día en los medios y que vamos conociendo en un vertido constante de noticias.

La educación no sólo requiere de leyes coherentes, qué también; pide, asimismo, modelos de personas congruentes y honradas con aquellos valores que transmitimos, exige que las personas ocupadas de lo público destilen precisamente preocupación por lo público, por el bien de todos y todas, no sólo el de unos pocos…

 

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