Ayer fue mi cumpleaños. Y, por una extraña casualidad, ese mismo día, me tocó organizar la jornada de puertas abiertas del centro educativo que dirijo. En los centros públicos estas presentaciones suelen ser muy variadas, en algunas se incluyen actividades deportivas o culturales, en otras se organizan visitas por las aulas para enseñar las instalaciones y en otras se dan charlas sobre el proyecto educativo del centro. En casi todas es el Equipo Directivo, con un número muy reducido de profesores, quienes organizan el trabajo. Yo tengo la suerte inmensa de contar con un grupo de compañeros excepcionales. Han venido los que han podido y he pasado unas cuantas horas aprendiendo de ellos. Aprendiendo de la pasión que ponen en explicar los diferentes proyectos del centro, en resolver las dudas de las familias, en compartir preocupaciones y aportar soluciones. Siempre se dice que la educación es una profesión vocacional, pero no lo entiendes de verdad hasta que escuchas a un profesor hablar con pasión de su trabajo. Hasta que sientes cómo se está emocionando mientras explica cómo da una clase.

Creo que, en muchas ocasiones, lo único que necesitamos los docentes para conseguir una mayor implicación de las familias es explicar lo que hacemos. Si queremos que los padres y madres de nuestros estudiantes nos apoyen, si deseamos que las indicaciones que reciban en casa lleven la misma dirección que las del centro, deberemos hacerles ver la importancia que le damos a nuestras clases. Cuando observan lo que hacemos por sus hijos e hijas, cuando se dan cuenta de la cantidad de horas de reflexión, preparación y trabajo que hay detrás de cada acción pedagógica, resulta mucho más sencillo conseguir su colaboración con las dinámicas que realizamos en el aula.
Y las Jornadas de Puertas Abiertas, pueden ser un ámbito perfecto para mostrar estos temas. Creo que los padres y madres desean acercarse a los centros educativos, pero debido a nuestras limitaciones temporales y también a la complejidad organizativa, no siempre les damos la posibilidad de hacerlo.
Cada vez más, un profesor es un guía, ya no somos los guardianes del conocimiento, sino profesionales que orientan el aprendizaje, que buscan cómo motivar al alumnado y que se vuelcan en hallar, con los medios que tenemos, la forma de individualizar al máximo la enseñanza. Todos estos objetivos son imposibles sin las familias. Ellos nos pueden dar una gran información sobre los estudiantes, pero también tienen la posibilidad de reforzar el trabajo que se hace en el aula, tanto a nivel educativo como en conducta. Simplemente, el hecho de que el alumnado perciba que la relación entre el centro educativo y sus padres es fluida, cambiará por completo determinadas cuestiones relacionadas con su aprendizaje. Pero para conseguir esto, necesitamos que nos comprendan, que entiendan el esfuerzo que hacemos, y el tiempo de nuestra vida que empleamos en estudiar diferentes posibilidades para mejorar el rendimiento académico de sus hijos. Aunque pensemos lo contrario, estos desvelos no siempre se ven. Y no hay nada más significativo, para una familia, que el hecho de saber que deja a sus hijos e hijas con unos profesionales que se preocupan de verdad por ellos, unos profesionales apasionados por su trabajo, por su labor diaria y por la búsqueda de nuevas soluciones para los problemas actuales.

Por otro lado, para nosotros, los docentes, tener un momento en el que compartir y comunicar lo que hacemos, también puede ser una fiesta, una celebración del trabajo que estamos realizando. Al final de una de las reuniones, una madre se levantó para agradecernos el esfuerzo y el hecho concreto de que hubiéramos realizado la jornada en sábado, fuera de nuestro horario laboral. Yo le dije que, para colmo, era mi cumpleaños, y que otra compañera, que cumplía años el mismo día, también había decidido venir. La emoción que inundó la sala en ese instante fue mayor que todas las explicaciones de todos los proyectos. En ese momento todos supieron que no estábamos allí por ningún compromiso. Estábamos allí porque disfrutábamos de compartir nuestra pasión. A cada uno de los profesores que amamos nuestro trabajo, nos emociona comunicarlo. Y a cada uno de nosotros no nos importa trabajar todo lo necesario por nuestros alumnos y alumnas. Hagamos que se vea, porque al hacerlo le daremos más importancia a nuestro esfuerzo. En estos momentos tan duros económicamente hablando, tenemos la suerte de dedicarnos a una profesión que cada día puede llenarte por dentro. Compartamos esta pasión. Y disfrutémoslo.

 

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