Continuando con mi último post en el que explicaba las distintas formas que nos plantean Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson para desarrollar un cerebro pleno, en su libro “El cerebro del niño. 12 estrategias revolucionarias para cultivar la mente en desarrollo de tu hijo” para ayudar a los hijos a ser más felices, a estar sanos y a ser ellos mismos de una manera más plena, voy a profundizar en las rabietas desde el conocimiento del funcionamiento del cerebro.

Un objetivo básico de la educación de un hijo es desarrollar en él un profundo sentido de la ética. Cuando un niño toma decisiones sensatas y es capaz al mismo tiempo de controlarse y actuar basándose en la empatía y la comprensión de sí mismo, desarrolla un sentido sólido y activo de la ética, un sentido no sólo del bien y del mal, sino también de lo que es un bien mayor mas allá de sus propias necesidades individuales (Daniel J. Siegel y Tina Payme Bryson).Pero llegar a este resultado final implica ir aprendiendo a tomar buenas decisiones desde que un niño es pequeño.

Seguro que una pregunta que se plantean la mayoría de los padres respecto a la educación de sus hijos es ¿Cómo puedo enseñarles a hacer lo correcto y a controlarse incluso cuando no estoy presente?. Para responder, es importante conocer cómo funciona su cerebro. El cerebro es como una casa, con una planta inferior y otra superior. En la planta baja (tronco cerebral y sistema límbico) están situadas las zonas primitivas que se ocupan de funciones básicas (por ejemplo, la respiración), de reacciones innatas e impulsos (la lucha y la huida) y de las emociones fuertes (ira y miedo). En esta planta inferior es donde quedan cubiertas las necesidades básicas de una persona (continuando el símil de la casa, como la cocina, el comedor o el baño). Este es el cerebro inferior.

El cerebro superior es bien distinto. Se compone de la corteza cerebral y sus distintas partes y es un cerebro más evolucionado que puede ofrecernos una perspectiva más amplia del mundo; es el lugar donde se localizan procesos mentales complejos como el pensamiento, la imaginación y la planificación. Es responsable de tomar decisiones y planificar con sensatez, controlar las emociones y el cuerpo, entenderse a sí mismo, sentir empatía y tener sentido de la ética. En una casa, se correspondería con la planta superior con muchas ventanas y claraboyas que nos permite ver lo que ocurre con mayor claridad. Cuando un niño funciona con este cerebro superior, presentará aptitudes de persona madura y sana.

Por tanto, el cerebro funciona mejor cuando la parte inferior y superior están integradas verticalmente. Son los padres quienes deben ayudar a construir y reforzar esa escalera que comunica el cerebro superior e inferior para que puedan trabajar en equipo. Sabemos que el cerebro inferior está plenamente desarrollado al nacer pero el superior no llega a su madurez completa hasta pasados los veinte años, es en la adolescencia donde se remodela para llegar hasta la edad adulta. Tenemos muchos años por delante para educar a un hijo de la forma más correcta posible.

Hay una parte muy pequeña del cerebro y que forma de parte del sistema límbico: la amígdala cuya función es procesar y expresar rápidamente las emociones, sobre todo la ira y el miedo. Los autores del libro comparan esa pequeña masa de materia gris con el perro guardián del cerebro, que está siempre alerta ante posibles amenazas. Cuando hay un peligro, la amígdala puede asumir el control por completo, o adueñarse de la parte superior del cerebro. Eso es lo que nos permite actuar antes de pensar. En muchas ocasiones, y sobre todo en los niños, la amígdala se activa y bloquea la escalera que comunica el cerebro superior con el inferior, impidiendo que el superior funcione correctamente.

Trasladando este funcionamiento del cerebro, a las rabietas de los niños, podríamos diferenciar una rabieta del cerebro superior con una rabieta del cerebro inferior. En la primera, el niño decide conscientemente tenerla y por tanto puede interrumpirla porque tiene la capacidad de controlar sus emociones y de utilizar la lógica para tomar decisiones acertadas. Una rabieta del cerebro superior exige límites estrictos y diálogo sobre cuál es la conducta adecuada o inadecuada. De esta forma, unos padres enseñan como la comunicación respetuosa, la paciencia y la gratificación postergada tienen compensaciones mientras que una conducta inadecuada no.

Pero cuando el niño tiene una rabieta del cerebro inferior no tiene la capacidad de usar el cerebro superior ya que está muy lejos de ese proceso de integración. Es incapaz, por tanto, de controlar su cuerpo, sus emociones y de usar un pensamiento de orden superior. Hablaríamos aquí de un estado de des-integración. Ante este tipo de situaciones la respuesta debe ser bien distinta, debe ser más afectuosa y reconfortante. Es preciso primero conectar con el hijo para ayudarlo a tranquilizarse y una vez que el cerebro superior ha vuelto a activarse, ya se puede recurrir a la lógica y a la razón. Cuando el niño está más receptivo, es cuando se le puede hablar tanto de conductas adecuadas e inadecuadas como de sus consecuencias.

Algunas de las estrategias que podemos utilizar para ayudar a un niño a utilizar este cerebro superior en los momentos de rabietas son:

1.-Activa, no enfurezcas: apela al cerebro superior. Por ejemplo ante una reacción de rabieta porque unamadre no ha querido comprarle el estuche que quería, se puede activarle su cerebro superior dirigiéndole antes a usar palabras precisas y específicas sobre cómo se siente (¿estás muy enfadada porque no te he comprado el estuche?) para después pedirle su colaboración en la búsqueda de nuevas soluciones al problema. Al preguntarle ¿Y cómo crees tú que lo podemos hacer?, estamos activando el cerebro superior.

2.-Úsalo o piérdelo: ejercita el cerebro superior. Los padres deben ayudar a ejercitar ese cerebro superior como si de un músculo se tratase a través de ejercitar distintas funciones como:
.-Tomar decisiones sensatas. Es muy importante enseñar a que los niños aprendan a tomar decisiones por su cuenta, lógicamente adecuadas a su edad y posibilidades porque esa toma de decisiones requiere un “funcionamiento ejecutivo” que se produce cuando el cerebro superior sopesa distintas opciones. Por ejemplo, a un niño pequeño se le puede preguntar ¿qué quieres, las zapatillas rojas o las verdes? y ¿por qué?. Mientras a uno más mayor: ¿Qué prefieres, comprar un juego de ordenador o seguir ahorrando para tu bicicleta nueva?. Así van aprendiendo a tomar decisiones y a asumir sus consecuencias.
.-Controlar las emociones y el cuerpo. Debemos enseñarles técnicas que les ayudarán a tomar decisiones acertadas cunado estén disgustados (respirar profundamente, contar hasta diez antes de actuar, ejercicios de mindfulness, enseñarles a que expresen lo que sienten, etc.)
.-. Para ello, los padres deben plantearle preguntas que le ayuden a mirar más allá de lo que comprende. Por ejemplo: ¿Qué te llevó a sentirte triste?, ¿Por qué crees que tu amigo se ha enfadado contigo?, etc.
.-Empatía. Cuando se plantean preguntas sencillas que inducen a pensar en los sentimientos ajenos se desarrolla en un niño la capacidad de empatía. Basta con dirigir su atención hacia las emociones del otro para desarrollar nuevo niveles de compasión. Cuánto más ocasiones se ofrecen al cerebro superior de ejercitar en el acto de pensar en los demás, más capaz será de sentir compasión.
.-Ética. Para llegar a este objetivo último, otra manera de ejercitar su cerebro superior es plantearle hipótesis que le ayuden a desarrollar la ética. Por ejemplo: ¿Estaría bien saltarse un semáforo si hay una emergencia? O ¿qué harías tú si ves a una persona llorando?
Además de todo esto, también es muy importante el modelo que ofrecen los padres con su propia conducta. Una conducta de respeto, bondad, integridad, justicia genera en un hijo un modelo adecuado de valores a imitar.

3.-Muévelo o piérdelo: mueve el cuerpo para no perder la cabeza. Las investigaciones han demostrado que el movimiento corporal afecta directamente a las sustancia químicas del cerebro. Cuando un niño ha perdido el contacto con su cerebro superior, hacerle mover su cuerpo es una buena manera de recuperar el equilibrio. De esta forma se libera energía y la tensión, que produce emociones inadecuadas (rabia, ira, etc.), puede relajarse.

Os animo a seguir profundizando en la lectura del libro comentado en este post.

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