Al comenzar mi participación en este blog, no he podido evitar que me acompañará esta frase que he utilizado como título, ha rondado por mi pensamiento desde que me senté ante el ordenador, no es fácil dar un primer paso, pensemos en cualquier bebé del mundo cuando se lanza a dar sus primeros pasos …

Esta frase, en su sencillez, esconde muchas cosas, nos retrotrae a otro tiempo,

quien no se imagina los viejos manuales escolares que introducían a los niños y niñas de otros tiempos, de otras generaciones al mundo de la escuela, de la lectura … en muchos casos, de la cultura.

Sin duda la familia, la escuela, la sociedad en su conjunto han cambiado, han evolucionado pero no por ello todos los que nos dedicamos a la educación, bien como padres o madres, o en calidad de profesionales, dejamos de ver en la infancia, sobre todo en los primeros años de vida un motivo de atención y preocupación.

La idea de la infancia, el concepto de lo que es un niño y cómo debe ser educado ha cambiado con el paso de los años, no puede ser de otra manera, la sociedad cambia y los niños y niñas con ella.

Es muy difícil responder a la pregunta ¿cómo educar a un niño? Es indudable que la vulnerabilidad de un bebé a todos nos conmueve a su cuidado, su protección es vital para la sus padres, para sus familiares cercanos, para sus vecinos y amigos, pero ¿qué pasa cuando un niño crece? ¿Cuál es la senda que debemos seguir? ¿Qué camino tomar para acertar?

Esta inquietud no solo existe en el ámbito familiar, también es una constante en el ámbito escolar, así cada año cuando la escuela comienza, los chiquitines con sus lloros son motivo de atención por parte de padres, maestros y niños más mayores en nuestra escuela, todos estamos pendientes de ellos, queremos que estén a gusto, que se diviertan, que disfruten … pero con el paso del tiempo, lo escolar, entendido en el sentido rutinario del término va imponiendo su lógica, en muchos casos la instrucción no deja sitio a la educación, ¿por qué no les “mimamos” con seis, ocho, diez o doce años con la misma atención y preocupación que cuando eran los pequeños del cole? ¿Cómo articulamos procesos para asegurar que el desarrollo sea integral, equilibrado y completo durante toda su escolaridad? ¿Dedicamos el tiempo suficiente en casa y en la escuela a formar personas o simplemente buscamos resultados y objetivos?

Desearía que este camino que ahora iniciamos nos ayudará a reflexionar sobre la labor de educar, pensar de manera colectiva en cómo podemos ayudar a crecer a nuestros niños y niñas, desde que son los pequeños hasta que se hacen los “mayores” y marchan al instituto, crecer sanos implica no solo estar bien alimentado, es también adquirir autonomía y buenos hábitos, es lograr el desarrollo de una personalidad bien conformada, a fin de cuentas la infancia es el tiempo donde se fragua nuestro ser, la esencia que nos acompañará el resto de nuestras vidas.

Vamos a intentarlo, preparados, listos… comenzamos.

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