8 enero, 2013

Al comenzar mi participación en este blog, no he podido evitar que me acompañará esta frase que he utilizado como título, ha rondado por mi pensamiento desde que me senté ante el ordenador, no es fácil dar un primer paso, pensemos en cualquier bebé del mundo cuando se lanza a dar sus primeros pasos …

Esta frase, en su sencillez, esconde muchas cosas, nos retrotrae a otro tiempo,

quien no se imagina los viejos manuales escolares que introducían a los niños y niñas de otros tiempos, de otras generaciones al mundo de la escuela, de la lectura … en muchos casos, de la cultura.

Sin duda la familia, la escuela, la sociedad en su conjunto han cambiado, han evolucionado pero no por ello todos los que nos dedicamos a la educación, bien como padres o madres, o en calidad de profesionales, dejamos de ver en la infancia, sobre todo en los primeros años de vida un motivo de atención y preocupación.

La idea de la infancia, el concepto de lo que es un niño y cómo debe ser educado ha cambiado con el paso de los años, no puede ser de otra manera, la sociedad cambia y los niños y niñas con ella.

Es muy difícil responder a la pregunta ¿cómo educar a un niño? Es indudable que la vulnerabilidad de un bebé a todos nos conmueve a su cuidado, su protección es vital para la sus padres, para sus familiares cercanos, para sus vecinos y amigos, pero ¿qué pasa cuando un niño crece? ¿Cuál es la senda que debemos seguir? ¿Qué camino tomar para acertar?

Esta inquietud no solo existe en el ámbito familiar, también es una constante en el ámbito escolar, así cada año cuando la escuela comienza, los chiquitines con sus lloros son motivo de atención por parte de padres, maestros y niños más mayores en nuestra escuela, todos estamos pendientes de ellos, queremos que estén a gusto, que se diviertan, que disfruten … pero con el paso del tiempo, lo escolar, entendido en el sentido rutinario del término va imponiendo su lógica, en muchos casos la instrucción no deja sitio a la educación, ¿por qué no les “mimamos” con seis, ocho, diez o doce años con la misma atención y preocupación que cuando eran los pequeños del cole? ¿Cómo articulamos procesos para asegurar que el desarrollo sea integral, equilibrado y completo durante toda su escolaridad? ¿Dedicamos el tiempo suficiente en casa y en la escuela a formar personas o simplemente buscamos resultados y objetivos?

Desearía que este camino que ahora iniciamos nos ayudará a reflexionar sobre la labor de educar, pensar de manera colectiva en cómo podemos ayudar a crecer a nuestros niños y niñas, desde que son los pequeños hasta que se hacen los “mayores” y marchan al instituto, crecer sanos implica no solo estar bien alimentado, es también adquirir autonomía y buenos hábitos, es lograr el desarrollo de una personalidad bien conformada, a fin de cuentas la infancia es el tiempo donde se fragua nuestro ser, la esencia que nos acompañará el resto de nuestras vidas.

Vamos a intentarlo, preparados, listos… comenzamos.

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Join the discussion 2 Comments

  • Carricanta dice:

    Muchas gracias por expresar de manera tan clara lo que creo que pensamos muchos de los que estamos inmersos en la educación, comparto tus ideas, inquietudes y lucha.
    Yo trabajo con las primeras edades, con los niños y niñas de 0 a 3 años y me da pena pensar que muchas de las experiencias que los niños viven en nuestra escuela van a quedar partidas ya que el paso del primer ciclo al segundo también es una buena zancada.
    Quizás tengamos la suerte que en nuestra etapa no estamos tan sujetos a objetivos y resultados “académicos” y si más a acompañar a nuestros niños en sus desarrollo, en la adquisición de hábitos, en la relación con los otros, en el descubrir…., atendiendo a todos los ámbitos de desarrollo y abarcándolo en su globalidad, no solo en el aspecto de persona receptora de conocimientos.
    Crecer sanos es algo que no debería de perderse de vista en ninguna etapa, porque contribuir a formar personas “sanas” es un reto diario.
    Un saludo

  • jaimerodriguezmorante dice:

    En primer agradecerte tu comentario, gracias por romper el hielo y lanzarte, estoy de acuerdo contigo, es muy cierto lo que dices, en las transiciones siempre nos dejamos cosas atrás, bien sea en la misma etapa de Infantil o cuando dan el gran salto desde Infantil a Primaria, en ese momento suelen sufrir más aún …

    La experiencia nos demuestra que los niños y las niñas deben ser los que nos marquen el paso en la escuela, en el aula, sus ritmos y necesidades, no solo en las primeras edades, deberíamos “contagiar” esta visión al resto de etapas y a las familias, en la escuela ellos son protagonistas, son el núcleo que da sentido a nuestra acción, tendemos a olvidar desde el mundo adulto que estamos para ayudarles a crecer, no solo para llenarles de contenidos.

    Un proyecto de centro que contemple al niño como eje facilitará su desarrollo desde su llegada a la escuela hasta su paso al instituto, otra cuestión será conseguir que las escuelas logren ser integrales, es decir, que la etapa de Infantil se pueda completa en el mismo centro, que el paso a Primaria sea armónico, … mucho camino por recorrer.