Esta mañana en la radio solicitaban la participación de los oyentes sobre un tema:  ¿qué querías ser de mayor? La mirada nostálgica de los oyentes se dirigía al tiempo de la niñez en la que todo parece posible. Cada oyente que participaba daba su visión de sus anhelos infantiles.

Estos días he podido leer varios reportajes sobre Ian Thorpe, nadador australiano, medallista olímpico hasta casi el infinito. El gran héroe actualmente es una estrella derrotada que ha tenido que ser internado en una clínica para superar su depresión y alcoholismo, el gran atleta por si mismo no puede superar una vida «normal» lejos de la alta competición, añora la rutina del entrenamiento, la emoción de la competición. Parece ser que siempre fue una persona con tendencia al depresión, mientras la natación de alto nivel lo mantuvó «ocupado» fue feliz, cuando el entrenamiento desapareció … cayó.

En Australia, nadie se explica cómo ha podido pasar. Los más críticos alzan ahora su voz contra el organismo deportivo que busca talentos en la infancia y crea mitos del deporte, nadie en ese organismo, ni en la propia sociedad australiana que tanto admira los logros deportivos, se preocupa de que los futuros deportistas se formen como personas más allá de su disciplina deportiva, sólo importa el logro, no el proceso, la persona queda en un segundo plano.

Tanto el programa de radio, como la noticia sobre una estrella del deporte venida a menos, me sirve como punto de partida para reflexionar sobre la tendencia de nuestra sociedad por crear mitos desde la infancia, encarnados en los múltiples programas de televisión con niños que últimamente proliferan en nuestras pantallas.

Padres, abuelos, y demás familiares entregados al sueño de un hijo artista, futbolista o cocinero de élite; estrella mediática por unas horas, días o semanas, que esperan que se consolide y tenga un futuro deslumbrante, ¿cumpliendo sus sueños o los de su familia?

Confieso que no soporto a los niños en la tele, sobre todo en estos programas que los niños hacen de mayores, no de niños; me parecen sobreactuados, en una permanente impostura que las cámaras imponen.

No entiendo que motiva a unos padres a semejante exposición pública de sus propios hijos. ¿El minuto de gloria en televisión que decía Warhol realmente merece la pena? ¿Qué visión del mundo le quedará al niño o a la niña después de ser estrella tan fulgurante como breve? ¿Merece la pena el fogonazo de fama?

Un ejemplo contrario lo encontramos con otro personaje que para los que tenemos ya unos años fue un referente, ¿nos acordamos del «Piraña» de la serie «Verano azul? Ya no es niño aquel niño simpático y regordete, se ha transformado en una persona que dedica su vida a la enseñanza como  profesor de universidad, es ingeniero e investigador en el campo de las telecomunicaciones. ¿Quién lo hubiera pensado? ¿Alguno de nosotros podría haberlo imaginado?

La moraleja de todo lo anterior, lo que al final me mueve a escribir esta semana en el blog, es que la infancia, la niñez, el tiempo de crecimiento que la sociedad nos permite, debe ser un tiempo para experimentar, para disfrutar, para crecer, …, creo que no es adecuado que los niños dejen de ser niños. ¿Qué sentido tiene que los niños hagan de adultos, en programas de adultos para consumo de adultos?

Deberíamos ser muy cuidadosos con la infancia, los niños son el tesoro del mañana como me decía hace poco un paisano de mi pueblo. Los niños deben jugar y aprender, nada más, sin imposiciones u objetivos externos, el día de  mañana deberán optar, decidir, adaptarse y afrontar las dificultades que se les presenten pero deberán hacerlo desde su propio crecimiento.

¿Es posible decidir cuando alcanzas la edad adulta de manera consciente y madura si desde los ocho o nueve años únicamente te has dedicado a trabajar, sea en el ámbito del deporte, la interpretación u otro que no sea el propiamente desitinado a un niño?

Dejemos a los niños, a las niñas, que sueñen; que hay más bello que oír a un crío la frase … de mayor yo voy a ser  … quizás lo logren y tendremos personas felices de eso estoy seguro. Feliz semana.

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