7 julio, 2021

 

¡Quién pillara una sombra! Con este sol achicharrador de julio buscamos las sombras… Comer bajo el sol. Mal. Comer bajo la sombra. Bien. Las sombras son “las buenas”. Sin embargo en nuestro imaginario colectivo, en los dichos populares: “la vida es un camino de luces y sombras “, en las películas: “Cincuenta sombras de Cristi-blabla, que en la 2ª parte  ya son “las sombras más oscuras” y luego son “liberadas (por cierto un libro-peli apología de violencia machista)…ahí, las sombras son “lo malo”, lo chungo a evitar…

 

Hay un cuento que habla de un árbol que tenía la extraña peculiaridad de que cada vez que le brotaba una hoja verde y llena de vida, al mismo tiempo y en dirección opuesta, le brotaba otra negra y sin fuerza. El árbol sentía la vida que le proporcionaba tener hojas verdes pero no alcanzaba a comprender el porqué de las negras que las sentía como un lastre. ¿Por qué su naturaleza vegetal no se desprendía de tanta carga inútil?

Y así crecía muy lento nuestro arbolito, gastaba demasiada energía rechazando con toda su madera y apenas tenía hojas y ramas.

En los árboles vecinos no se apreciaban hojas negras y se lamentaba de ser tan diferente. Siempre tenía la esperanza de que un día empezaran a caerse las hojas negras y ese era su único deseo. Pero la vida le concedió otro regalo: la comprensión de que las hojas negras nunca se caerían! 😳 Al principio creyó morir y sufrió como nunca. Este sufrimiento le hizo darse cuenta que TIENE MAS SENTIDO INTENTAR ACEPTAR QUE INTENTAR COMPRENDER.

Y eligió cambiar, decidió relacionarse con todas sus hojas de otra forma. Al fin y al cabo las hojas verdes que tenía, ahora se daba cuenta, eran preciosas y cuanto mas apreciaba y agradecía a las hojas verdes, más crecían y más vigorosas se ponían y a su lado, como siempre, otra hoja negra, pero éstas ya no le molestaban demasiado.

Y así empezó a crecer como nunca, su tronco, sus ramas, sus hojas verdes y negras… parecía que más que el sol y el agua, era su apreciación lo que lo hacía crecer y empezó a echar ramas enormes que se abrían al cielo y que se llenaban de más y más hojas verdes y negras.

El árbol estaba que se salía de su copa, amaba tanto a sus hojas verdes y había conseguido aceptar tanto a sus hojas negras que creció como ninguno y ya centenario y sabiendo que la vida ya no le regalaría muchas más hojas ni tiempo, tomó otra gran decisión: de alguna forma había empezado a tomarle cariño a sus hojas negras y decidió INTENTAR AMARLAS, no sabía cómo empezar, nunca se había fijado en ellas, nunca las había mirado de verdad como a las verdes. Pero se había propuesto amarse completamente tal y como era y miró como nunca antes lo había hecho.  ¡¡Se dió cuenta de que NO TENÍA HOJAS NEGRAS!! y que lo que parecían hojas negras no era otra cosa que la sombra de las verdes, fue entonces cuando descubrió que no solo necesitaba las hojas para sobrevivir, sino su sombra que refrescaba las ramas y tronco. Y quiso  como nunca antes lo había hecho, a sus hojas verdes, a las negras, a la sombra y a la luz.

 

Vale.  Todo el mundo está hecho de luces y de sombras.  Forman parte de lo que somos, de lo que no queremos ser y de lo que puede que seamos. Son la lucha entre lo que reconocemos, lo que evitamos, lo que admitimos y lo que ignoramos o no queremos ver.

 

La aceptación de nuestras sombras puede implicar dolor pero también implica evolución, cambio y aceptación de nuestro yo.  Está claro que en la vida no todo son luces  (aunque en este narcisismo moderno que vivimos en redes sociales nos empeñemos en mostrar solo eso), ni las luces siempre iluminan nuestra vida, las luces en ocasiones nos ciegan el camino y las sombras puede que nos den  respuestas…

Así que, piénsalo este veranito… al igual que en una terraza o la playita buscas las sombras…a lo mejor toca empezar a buscar y querer a nuestras propias sombras.

 

¿Y TÚ QUÉ….conoces tus sombras y luces?

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