7 octubre, 2021

Antes de empezar el post de este mes del YTUQUÉ, en el que siempre aprovechamos la actualidad para reflexionar sobre temas educativos, queremos unirnos a los mensajes de solidaridad y cariño para el pueblo palmeño ante lo que ya se considera el suceso del año en España: el volcán en la Cumbre Vieja de La Palma que lleva ya más de 15 días en erupción y nos deja la certeza de que los daños serán enormes en la isla :(.

Y es que explotar y erupcionar de golpe suele traer consecuencias desastrosas. También si lo trasladamos al terreno emocional.

¿Cuántas veces hemos estallado como un volcán ante algo o alguien?  ¿Has sentido alguna vez que tu emoción era tan intensa que explotabas sin control?

Estos desbordes emocionales, como se llaman en “finolis” en psicología, suelen tener su origen en un desequilibrio que nos indica que algo de fuera nos toca dentro y…PUMP! Reactividad a tope.

A veces ocurre que incluso situaciones normales (una acción, sutil, suave e inofensiva en apariencia) puede dispararnos una de estas reacciones en cadena que da origen a un verdadero desastre natural ¡y personal!

Siguiendo con la analogía del volcán, una de las razones de las violentas e incontroladas explosiones que podemos experimentar es que a veces contenemos todo bajo presión, como ocurre en los conos volcánicos que son todo presión por dentro, sin permitir pequeñas vías de escape que puedan ir poco a poco liberando los gases y todo lo que esté comprimido allí.

Es decir, desde afuera se observa un monte calmado, tranquilo, taciturno, cuando por dentro está todo revuelto, intentando mantenerse bajo control con un gran incremento de presión, hasta que surge la furia de la explosión.

 

Y eso nos pasa en nuestras “erupciones”,  creemos que manejamos las emociones cuando las «controlamos» o logramos «mantenerlas ocultas». Nos obligamos a tolerar o tragarnos muchas de ellas sin decir nada. No las procesamos o les damos vías de atención, escucha y liberación de presión, originando una insana contención con su futura y desafortunada salida explosiva.

¿Y cómo vamos «desahogando» esa presión acumulada? ¿Cómo generamos grietas o vías de salida en el volcán explosivo?

Pues justo hay una técnica de la psicología positiva que se utiliza para la educación en el autocontrol y autoconocimiento emocional que se llama “LA ´TECNICA DEL VOLCÁN”: un ejercicio que utiliza este símil entre la erupción de un volcán y la sensación de calor interno que experimentamos antes de perder el control y estallar en enfado o rabieta.

Con peques se explica pidiendo que imaginen su interior como si fuera un volcán que  representa  toda  su  fuerza  y  energía. Cuando existe algo que no nos gusta y nos empezamos a enfadar, empezamos a experimentar en nuestro vientre un ligero calor, como si se empezara a calentar la lava. Según va pasando el tiempo, y si no sabemos cómo apagar el fuego del volcán, la lava se pone a hervir y erupciona, estalla y puede quemar todo.

 

Con mayores es igual. Es regresar a nuestro cuerpo. Él nos indicará si la emoción “explosiva” está procesada o aún está allí y necesita atención. Escucha tu cuerpo, ¿sientes el volcán? ¿Estás todavía en el punto de retorno?, entonces a lo mejor toca poner distancia,  retirarse de la situación que generó esa reactividad e impulsividad (por ejemplo aplicando “tiempo fuera”, “cambio de escenario”, técnicas de distracción y de respiración…). Darnos un espacio para ir liberando poco a poco emociones, buscar vías de salida para ir dándole paso a las emociones e ir liberando la presión en el momento correcto y la intensidad correcta.

Está claro que no es fácil, que enseguida se nos pone en modo ON la impulsividad-reactividad y salta el automático.

Pero recordemos que el autocontrol no es innato, es una cualidad que se va adquiriendo y es un aspecto muy importante a trabajarnos tengamos la edad que tengamos…porque, al igual que ocurre ahora mismo en La Palma, un volcán/una persona en erupción  es un espectáculo con consecuencias desastrosas.

¿Y TÚ QUÉ…. eres un volcán?  

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