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Diana Al Azem: ¿Hablamos idiomas distintos?

El segundo taller EduConec de este año 2026 ha tenido a las familias como protagonistas, y a juzgar por el poder de convocatoria del asunto y de la ponente, estamos ante una realidad que preocupa mucho. La psicóloga, profesora y divulgadora Diana Al Azem ha desarrollado un interesante y práctico webinar bajo el título: Cómo entender el lenguaje emocional y digital de nuestros hijos e hijas.

Diana Al Azem, especialista en Adolescencia Positiva ha ofrecido durante algo más de cincuenta minutos su análisis de la comunicación entre padres, madres, hijos e hijas durante la adolescencia; momento en el que esa comunicación atraviesa una transformación profunda que a menudo se malinterpreta como una desconexión afectiva o una falta de educación.

Diana Al Azem

Y con ese análisis y el conocimiento del contexto actual, ha explicado que este cambio responde a un proceso evolutivo natural y a una brecha digital acelerada.

Las premisas básicas para empezar a comprender esa posible desconexión pasan por entender que, para las personas adolescentes, la comunicación es protección. De ahí que no hablen para informar, sino para probar su identidad y proteger su vulnerabilidad.

También que, en el cerebro adolescente, la emoción precede a la explicación debido al desarrollo temprano del sistema límbico frente a la corteza prefrontal.

Y, además, que su entorno digital es social; Los códigos digitales son herramientas de pertenencia y de gestión de la imagen pública.

En este punto, Al Azem apuntó a lo que para ella es un cambio evolutivo, el paso de la información a la protección. Durante esta etapa, el cerebro social y emocional está en pleno desarrollo, y pone por delante de la vida familiar al grupo de iguales y la construcción de una identidad propia.

Los objetivos del lenguaje en la adolescencia son diferentes que los de la infancia:

Lo utilizan para protegerse: Limitan la información para no sentirse juzgados o vulnerables. Por eso dicen menos de lo que sienten, están aprendiendo a traducir lo que les pasa por dentro.

También como prueba de identidad, como parte de su experimentación vital. Y también utilizan el lenguaje como regulador emocional: El silencio o las respuestas cortas pueden ser formas de gestionar el cansancio emocional o el miedo a no ser comprendidos.

El papel de las personas adultas es interpretar sin invadir

Diana dio un repaso al cambio cultural que ha creado nuevos modelos comunicativos.

Mientras los adultos valoran la pausa y el detalle, los jóvenes se rigen por la inmediatez de las plataformas digitales. El lenguaje digital tiene características particulares, como la economía del lenguaje, el uso de mensajes breves, emojis y respuestas rápidas, o la comunicación visual y efímera.

También es importante conocer la incorporación de la dicotomía entre la identidad pública frente a la privada, esa gestión de una versión editada de sí mismos, que no es necesariamente falsa.

Y por último la utilización de símbolos de pertenencia: Gestos o modas digitales (como el six7) sirven para reforzar la sensación de comunidad y reducir el riesgo emocional de exclusión.

Ante estas nuevas fórmulas el reto adulto está en la interpretación de sus conductas y sus emociones.

A menudo se interpreta el lenguaje no literal de los adolescentes bajo códigos erróneos, lo que genera conflictos innecesarios. Esto sucede porque conviven dos formas diferentes de estar en el mismo tiempo y en el mismo sitio.

En este punto aportó algunas pautas para poder interpretar correctamente algunas conductas. Especialmente interesante este apartado pues en muchas ocasiones los y las adolescentes lanzan mensajes de manera no consciente que pueden ser traducidos y bien interpretados.

La ironía o el sarcasmo, el silencio, la risa ante una reprimenda, la irritabilidad, son formas de comunicación a menudo malinterpretadas que, sin embargo, pueden ser de gran ayuda para volver a la conexión.

En esta edad los chicos y las chicas habla con un lenguaje indirecto, la adolescencia no es una etapa de comunicación directa. Si hablar puede implicar sentirse juzgados, para ellos es más seguro no decir nada o decir poco o hablar poco.

La conexión emocional

Avanzó la ponencia desarrollando la idea de que la conexión que más hay que trabajar es la emocional, no tanto la verbal. La conexión emocional no se mide por la cantidad de palabras, sino por la presencia de pequeñas señales.

Hay que fijarse en esas señales de conexión. Compartir algo mínimo de forma espontánea, buscar proximidad física indirecta o mantener rutinas compartidas. No es tan importante cuánto hablan sino cómo se sienten cuando hablan.

La conexión emocional no se mide por la cantidad de palabras, sino por la presencia de pequeñas señales.

Y también fijarse en las de desconexión: Un posible aislamiento constante, irritabilidad permanente y ausencia total de momentos de apertura con cualquier miembro de la familia o con las amistades.

Como recurso de ayuda para este asunto en particular aportó la herramienta TRADUCE: siete preguntas a responderse para conocer algunas cosas sobre el momento de cada adolescente.

Y más adelante profundizó en la idea de que el lenguaje digital también es un recurso de lenguaje emocional.  Existe un riesgo de interpretación digital errónea. Comprender el contexto social de la juventud es esencial para comprender los mensajes online. Si falta el contexto se entre en una dinámica negativa.

No hay que obviar que en la adolescencia el lenguaje sirve para regular las emociones.

 ¿Cómo mejorar los vínculos?

Diana Al Azem dedicó la segunda parte del taller para dar ideas prácticas y concretas para mejorar el vínculo, ideas que pasan por transitar de un rol de control a uno de acompañante disponible.

Recordó que la conexión con adolescentes aparece muchas veces en momentos de disponibilidad sin presión, y que el objetivo de la comunicación tiene que pasar de querer tener información a querer comprender el contexto emocional.

Hay que validar sin dramatizar, intentar reconocer que sus sentimientos tienen sentido, aunque nos puedan parecer desproporcionado.

En lugar de juzgar sus aplicaciones o sus códigos, es mejor utilizar la curiosidad genuina. Cuando pides a tu hijo o a tu hija que sea quien te enseñe su actitud cambia radicalmente. Siente su competencia, que se valora su experiencia y conocimiento, lo que reduce su necesidad de protegerse y abre un espacio de colaboración.

En el cerebro adolescente, la emoción precede a la explicación debido al desarrollo temprano del sistema límbico frente a la corteza prefrontal

Entender el hogar como un laboratorio de competencias

En el bloque final, Diana ha puesto en valor la importancia radical de la interacción familiar como una oportunidad para entrenar habilidades fundamentales para el futuro. Habilidades y competencias alineadas con marcos internacionales como los de la UNESCO.

Es importante ser conscientes de que, si se trabaja la conexión emocional con nuestros hijos e hijas en casa, además les estamos ayudando a entrenar competencias como el pensamiento crítico (al hablar de redes sociales y algoritmos desde la curiosidad, se ayuda al adolescente a cuestionar cómo le afecta lo que consume); la adaptabilidad (aprender nuevos códigos digitales junto a ellos modela la capacidad de adaptarse a un mundo que cambia rápidamente); y como la comunicación empática, una habilidad social clave para sus relaciones futuras.

Con estas últimas aportaciones cerró Diana Al Azem una interesantísima ponencia con análisis teórico y reflexiones que dan sentido a sus aportaciones prácticas en el día a día, en la búsqueda de la conexión intrafamiliar.

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