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Jóvenes y herramientas digitales; dos motores de cambio social

El debate público suele estigmatizar la relación entre la juventud y la tecnología apuntando constantemente al riesgo de la adicción. Sin embargo, desde una perspectiva sociológica, estamos ante un cambio de modelo que es mucho más profundo.

Como analizó y planteó el eminente sociólogo Manuel Castells hace algo más de veinte años, vivimos en una sociedad red. Se podría añadir ahora, con la perspectiva que da el tiempo que es una sociedad de redes donde la estructura social se define fundamentalmente por la interconexión.

La distinción entre lo analógico y lo digital carece de sentido.

En este contexto, las herramientas digitales no son meros agentes de distracción o espacios de evasión sin sentido ni objeto; son los motores que impulsan el cambio social.

Son, además, el recurso para el aprendizaje autodidacta y un apoyo en muchos casos para el bienestar emocional de una generación que no solo consume contenido, sino que construye ciudadanía.

La digitalidad ya es normalidad

Lo hemos apuntado anteriormente en otras entradas de este blog, y creemos que es bueno repetirlo, para afianzar esta realidad en nuestras consciencias: Para las generaciones más jóvenes la distinción entre lo analógico y lo digital carece de sentido. Viven en lo que denominamos una perspectiva posdigital: una realidad donde la tecnología no es algo disruptivo, sino una parte importante de su ecosistema natural.

Simplificando, no es una herramienta que utilizan sino un espacio en el que están.

Si la tecnología es parte del aire que respiran las nuevas generaciones, ¿estamos ayudándoles a construir un entorno más puro?

Encontramos como normal algunos fenómenos como la dataficación, con la que el yo digital aparece como una extensión de nuestra identidad y podemos analizar datos sobre cosas como el ritmo cardiaco, los pasos que damos al día, las cosas que compramos, los días de la semana que más gastamos, las horas de sueño, las horas de conexión, nuestros focos de interés…

O como la platformización de la cultura y el trabajo, que hace que en lugar de utilizar servicios variados, dependamos de unos pocos gigantes tecnológicos que actúan como intermediarios para organizar nuestras interacciones, tanto en el trabajo como en nuestra acción cultural.

Estos fenómenos ampliamente implantados demuestran que lo digital ha mediado cada rincón de la vida cotidiana.

Como pronosticó el arquitecto e informático estadounidense Nicholas Negroponte desde su atalaya de gurú de las tecnologías, «la digitalización es como el aire o el agua potable: su presencia es tan constante que solo se percibe cuando falta

HERRAMIENTAS DE RELACIÓN Y SOCIALIZACIÓN

Un estudio reciente realizado por UNICEF España con más de 50.000 adolescentes confirma que el entorno digital es el escenario principal para la exploración de sus identidades.

Los datos son contundentes: el 58% usa la red para hacer amigos y el 44% para evitar la soledad.

Uno de los hallazgos más reveladores de esa investigación y otras del mismo carácter realizadas por otras instituciones es que el motor del uso tecnológico es, por encima de cualquier otro, el factor relacional.

Podemos confirmar que hemos incorporado a las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) una R y ya estamos hablando de las TRIC (Tecnologías de la Relación, la Información y la Comunicación)

Sin embargo, el impacto de este cambio va más allá de la mera compañía; el 33% afirma que internet les ayuda a mostrarse tal y como son, mientras que el 27% encuentra en estas plataformas un espacio para sentirse aceptados, integrados.

Es decir, su adicción en la inmensa mayoría de los casos, no es tanto a la tecnología, sino a sus amistades.

HERRAMIENTAS DE APRENDIZAJE

Avanzando un paso más desde un sistema escolar formal que a menudo se ha percibido como rígido, el entorno digital se presenta ya como un aula abierta gigantesca y esencial.

Los y las adolescentes recurren mayoritariamente a internet para informarse sobre temas de alta sensibilidad que impactan en su salud mental, en su sexualidad y en su privacidad. Eso en cuanto a educación emocional, pero también lo hacen con respecto a todos los ámbitos del conocimiento.

Este refugio digital es valorado por cuatro pilares que el modelo tradicional pocas veces puede garantizar al mismo tiempo: accesibilidad, rapidez, privacidad y ausencia total de juicios.

En la red, pueden gestionar hasta dónde quieren llevar su propio conocimiento y buscan apoyo mutuo en temas que consideran sensibles o de más difícil acceso en entornos físicos, convirtiendo la tecnología en una herramienta de autogestión del bienestar y de educación informal.

HERRAMENTAS PARA LA PARTICIPACIÓN Y LA INNOVACIÓN

Otro asunto que apuntamos para la reflexión es que jóvenes y adolescentes ya no son solo audiencia pasiva. Muchas y muchos utilizan herramientas de diseño accesible y aplican la filosofía de la cultura maker, el actual «hágalo usted mismo», no es casualidad que quienes lideran la narrativa de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en las redes sean las y los centennials. Y lo hacen desde el conocimiento, tanto de los objetivos como de los modos más efectivos para difundirlos.

Gracias a la aceptación de la educación conectada las herramientas digitales han cambiado el modo en el que las personas jóvenes y adolescentes se relacionan con el mundo.

Las utilizan para su educación y el desarrollo de habilidades STEAM; las utilizan para movilizarse, para proponer cambios en sus comunidades y para conectarse a causas globales; y las utilizan para resolver problemas sociales y ambientales concretos en sus territorios.

 Podemos confirmar que hemos incorporado a las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) una R y ya estamos hablando de las TRIC (Tecnologías de la Relación, la Información y la Comunicación)

 HERRAMIENTAS PARA CAMBIAR EL MUNDO (a mejor)

 Tres ejemplos de esta transformación.

 En ese Oriente Medio que tanto sale estos días en portadas y titulares por razones muy distintas a esta (que nos abre una puerta a la esperanza),  Thaki, una organización nacida en Paises Bajos que tiene su sede y su mayor actividad en Líbano, reacondiciona hardware donado (principalmente ordenadores portátiles) para llevar educación digital a niños y niñas refugiados. Cerca de 30.000 estudiantes ya han podido aprovechar este proyecto y han podido acceder a contenidos educativos.

El caso de Whiz Kids Workshop es también muy emblemático: es una organización que actúa en Etiopia, y con su programa Tsehai Loves Learning no solo educa en siete lenguas locales, sino que ha sido adoptado en cuatrocientas escuelas tras demostrar que duplica el conocimiento sobre comportamientos saludables en la infancia.

Y como último ejemplo de esta realidad de cambio social que aportan dominando esa perspectiva posdigital de la que hablábamos al principio, Youth for Technology (YTF) en Nigeria que ha conseguido por medio de la formación conectada que jóvenes de toda condición social hayan llegado a crear 2.100 empresas que funcionan en la red.

Para que este potencial transformador de las herramientas digitales se consolide, es fundamental que se garanticen entornos digitales seguros, libres y participativos.

La tecnología no debe verse como un riesgo que hay que limitar, sino como un vehículo esencial para la Educación en Derechos Humanos y la Ciudadanía Democrática.

El acceso digital no es un privilegio, sino un derecho fundamental que garantiza la equidad y el desarrollo sostenible.

Si la tecnología es parte del aire que respiran las nuevas generaciones, ¿estamos ayudándoles a construir un entorno más puro?

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