

Siguiendo con la costumbre veraniega de proponer películas como un buen recurso para poner en común con hijos e hijas (adolescentes en este caso) asuntos que ocupan la actualidad educativa, proponemos desde Educación Conectada cinco películas en la que se profundiza sobre la Inteligencia Artificial desde muy variados puntos de vista, si bien todas coinciden en pertenecer al género de la ciencia ficción.
Un paseo por buen cine que sirve, además de para pasar un buen rato de entretenimiento, para reflexionar sobre la inteligencia artificial, el aprendizaje y el papel de la tecnología en la enseñanza y el desarrollo humano. Para deliberar sobre asuntos como la búsqueda de identidad, la ética de la creación, las líneas divisorias entre lo humano y lo artificial, el control sobre las tecnologías, la diferencia entre instruir y educar…
(No recomendada para menores de 13 años)

Es curioso ver cómo a pesar del paso del tiempo (desde el estreno de Blade Runner han pasado cuarenta y cuatro años) el fondo argumental de las películas que tienen la IA como centro apenas cambia. Son obras que exploran la empatía, la memoria y la capacidad para la emoción. En el caso de esta que dirigió Ridley Scott y que tuvo un enorme éxito en su tiempo, además, el argumento se enfoca en qué significa aprender a ser humano cuando la vida es artificial, un asunto de total actualidad.
Blade Runner se centra en la IA desde una perspectiva existencial y ética en lugar de técnica. Este enfoque es muy útil para hablar con adolescentes. Los replicantes, como Roy Batty (Rutger Hauer) o Rachael (Sean Young), protagonistas del argumento de fondo, viven una obsesión con sus recuerdos y su origen, esto conecta con la construcción de la identidad propia y la autenticidad de cada persona.
La película ofrece muchos alicientes, desde la banda sonora de Vangelis a la interpretación de Harrison Ford, una trama interesante y aciertos visionarios como el test Voight-Kampff para medir las emociones para detectar la IA o la obsolescencia programada de los replicantes.
En los primeros años ochenta otras películas situaron la ética de la creación en el punto de mira, una ―que no ha pasado demasiado bien el corte del paso de los años y que, sin embargo, sigue siendo entretenidísima― que resulta útil para hablar del aprendizaje a través de simulaciones, lo que ahora llamamos «entrenar la IA», es Wargames (1983), Juegos de Guerra (apta para todos los públicos), con un jovencísimo Mathew Broderick a punto de desencadenar una guerra mundial desde su cuarto en una casa cualquiera de un lugar cualquiera.
El año 1984 se estrenó una segunda versión cinematográfica del libro de George Orwell que lleva por título la cifra de ese año, un libro que cambió en gran medida toda la literatura de ciencia ficción. Con John Hurt y Richard Burton. No tuvo el gigantesco éxito de la novela, pero resulta una adaptación muy fiel a ese mundo de vigilancia masiva mediante pantallas físicas y de control absoluto de las mentes y de la información por parte de las élites.
En el penúltimo año del milenio pasado se estrenaron dos que podemos incorporar a las muy útiles para hablar sobre IA; El hombre bicentenario (apta para todos los públicos) que sigue la evolución de un robot doméstico que aprende sobre arte, leyes y humanidad hasta desear ser mortal. Y Matrix (Recomendada para mayores de 13/15 años), que presenta el aprendizaje instantáneo mediante descargas directas al cerebro y el control del conocimiento.
(No recomendada para menores de 7 años)

Es una película dirigida por Steven Spielberg, lo que ya da una pauta sobre su calidad. La historia de su creación es apasionante, pues el director Stanley Kubrick vivió persiguiendo la posibilidad de realizar esta historia durante muchos años, en un momento dado se la cedió a Spielberg y éste la consiguió estrenar tiempo después del fallecimiento de Kubrick.
Una inteligentísima película (humanamente inteligente), que explora los problemas morales, emocionales y sociales de la tecnología al plantear un futuro en el que los robots con sentimientos sufren el rechazo humano.
Nos invita a valorar la responsabilidad ética de la creación y también nos habla de algo que comienza a dar sus primeros pasos cuarto de siglo después: la mercantilización de los afectos.
(Recomendada para mayores de 12 años)

Traducida al español como Yo soy tu madre, esta interesante película australiana narra la historia de una adolescente (Clara Rugaard) criada en un búnker subterráneo por una androide con IA en un escenario muy utilizado por la Ciencia Ficción; la vida tras la extinción de la humanidad.
Es tremendamente recomendable para darle al cerebro pautas para conversar sobre una posible educación algorítmica perfecta (pero deshumanizada), puesto que la madre IA educa a la niña bajo un estricto programa de exámenes éticos, filosofía, medicina y desarrollo de habilidades artísticas.
Nos invita a debatir si una IA tiene la capacidad de transmitir verdaderos principios morales y empatía o simplemente se basa en réplicas conductuales, y también sobre qué sucede cuando solo hay un punto de referencia educativo.
Yo soy tu madre nos trae al hilo de las recomendaciones una película para ver con jóvenes de más de 17 años, la profunda y a la vez emocionante Ex Machina (2014) una producción británica que cuenta la historia de un programador (Domhnall Gleeson) que gana el curioso premio de ser invitado por el dueño de su empresa para aplicar el test de Turing (fíjate, algo de los años cincuenta), a una androide (Alicia Vikander) llamada Ava.
Esta historia es una clase magistral sobre el autoaprendizaje y la manipulación del lenguaje. Ava no fue educada en una escuela; fue entrenada absorbiendo de manera masiva los flujos de búsqueda, interacciones y datos de miles de millones de usuarios de internet. ¿Te suena?
(no recomendada para menores de 13 años)

En esta película estadounidense se despliega una visión en la que la inteligencia artificial no es simplemente buena o mala.
La historia presenta a máquinas como seres capaces de sentir, amar y buscar la paz mientras que apunta a cómo los humanos utilizan la tecnología para hacer la guerra.
Como otras muchas obras de ciencia ficción conserva referencias de la mítica novela de los años sesenta La fuga de Logan, en este caso, el Creador viene a sustituir al Pensador de la novela de 1967.
The Creator muestra a la IA como víctima, y eso es bastante novedoso, pues la amenaza en esta historia es la humanidad. Los humanos actúan por miedo y odio.
Esta película permite hablar sobre algunos de sus mensajes principales: que la maldad no está en la inteligencia artificial; que la violencia viene de las decisiones humanas; que la tecnología refleja los miedos de las personas.
Para cerrar este listado de sugerencias, un poco de cine asiático: llama la atención el enfoque de algunas películas de este cine para abordar la IA y la educación; un enfoque social profundo, explorando dilemas sobre la deshumanización del aprendizaje, el control ético y la pérdida de la empatía.
Un ejemplo de esto es la película surcoreana Wonderland (2024) (apta para mayores de 12 años), que presenta un servicio de IA capaz de recrear de forma virtual a personas que han fallecido o están en coma. Es ideal para debatir sobre la dependencia emocional hacia avatares digitales y sobre la línea que separa la simulación tecnológica de los sentimientos reales.
(no recomendada para menores de 13 años)

El cine japonés tiene un ritmo narrativo propio, que a veces encaja con nuestra forma de ser, en esta película, cuya trama se sitúa en un futuro cercano.
Una IA médica y de gestión social controla la vida diaria de los ciudadanos. Cuando el sistema falla y empieza a juzgar quién merece vivir o morir, abre el debate perfecto sobre si podemos confiar la evaluación y el juicio humano de las personas a los algoritmos.
Nos encontramos, de nuevo, ante el gran debate de la confianza, lo que nos permite hablar también de la familia (la construcción de la confianza interna en todas las direcciones), y de la educación en las aulas.
Estas cinco (y alguna pista más que se ha colado) son excelentes películas que sirven, además, como herramientas pedagógicas perfectas para debatir sobre la Inteligencia Artificial y la educación.


