26 junio, 2021

El ciclo de EduCONEC sobre cultura y transformación digital continúa con su rumbo marcado, el filósofo y profesor de la Universidad de Córdoba, José Carlos Ruiz, ha incorporado al ciclo su visión sobre el aprendizaje para un mundo que ya es en parte virtual.

Fue presentado por Eulalia Alemany, Directora Técnica de Fad, que dio paso a una interesante y profunda ponencia bajo el título “La educación de la mirada”, y recomendó como referencia para seguir el pensamiento de José Carlos Ruiz, su sección “Más Platón y menos whatsapp” del programa “La Ventana” de la Cadena SER.

El filósofo, conectado desde Córdoba, comenzó incidiendo en los retos más significativos para el siglo XXI a la hora de educar, y lo hizo mencionando el libro “El bosque pedagógico” de José Antonio Marina, que nos anima a tener claros los objetivos que atribuimos en este momento social a la educación.

Educar tiene mucho que ver con nuestra capacidad de percibir las imágenes, y también de construirlas. En ocasiones la identidad virtual no guarda demasiado parecido con la real, y por eso, la construcción personal tiene que pasar por intentar que nuestra identidad real no se pierda por la creación de una identidad paralela en el mundo virtual.

Para la consecución de este objetivo es asimismo importante no perder de vista un objetivo más: la construcción de la convivencia, en un momento en el que se puede pensar que la interacción digital podría sustituir a la acción de lo real, ahora es posible llegar a ser “activista de sofá”, la distancia entre el yo real y el yo digital a veces es muy grande.

Y el último objetivo de la educación en este momento al que se ha referido Ruiz es al de la preparación para el mundo laboral.

Vivimos en un momento en el que se puede pensar que la interacción digital puede sustituir a la acción de lo real, se puede llegar a ser “activista de sofá” 

Una vez marcados los objetivos se centró en las habilidades que, a su entender, se necesitan para este siglo XXI. Citó al experto del Laboratorio de Innovación de la Universidad de Harvard, Tony Wagner, que marca como primera habilidad a desarrollar el pensamiento crítico. Y a esa añade otras igualmente claves: aprender a colaborar y creer en el trabajo colaborativo, las habilidades comunicativas, entre las que están también las habilidades de escuchar y observar, y la creatividad e innovación.

Mención aparte le merecen la empatía, la perseverancia y una visión moral de la vida. La empatía tiene mucha fuerza dentro de lo visual. La empatía emocional y la intelectual es algo que hay que empezar a educar desde la primera infancia.

Avanzando en el desarrollo de estas habilidades, José Carlos Ruiz, señaló los elementos del pensamiento crítico, algunos nacen de circunstancia individuales y otros de los contextos en los que cada quien se encuentra, estos son propios y también ajenos, es decir, que vienen marcados por circunstancias externas a la persona.

El problema viene cuando desde el mundo virtual se hibrida el mundo real y el yo real se diluye en el yo virtual. A medida que una persona, independientemente de su edad, pasa más tiempo en lo digital, la realidad puede resultar apática y es importante aprender a diferenciar la mirada hacia lo real de la mirada hacia lo virtual. Para ello es fundamental el pensamiento crítico activo.

Según Ruiz, El mundo virtual tiende a homogeneizar los mensajes hacia cada persona, y los algoritmos no abren el abanico de opciones, sino que lo cierran, no ofrecen riqueza y variedad, y es posible que luego, en la vida real, a pesar de que la diversidad es mucho mayor, quienes viven en exceso en el mundo virtual, solo sientan atracción por lo condicionado por los algoritmos.

Según ha avanzado en su disertación, ha ido marcando algunas pautas para afrontar esa educación de la mirada: Ser conscientes de que los aprendizajes a través de la imitación ahora están más extendidos a través de lo virtual, muchos procesos de aprendizaje se basan en ver y copiar tutoriales en red antes de poner a prueba la creatividad.

Ante esto, nos propone vigilar y dar opciones a la desconexión de lo virtual, para ello conviene hacer un ejercicio de análisis individual y jerarquizar la vida.

Para educar a la mirada hay que prestar mucha atención a la tiranía de la perfectibilidad, en lo virtual no nos presentamos en toda nuestra realidad, hay que educar en eso, lo que vemos en las pantallas son ideales y no realidades.

Y por otra parte no perdamos de vista que el poder de lo visual es enorme, para ilustrar esta idea, José Carlos Ruiz recordó el mito de Narciso. Las redes sociales afectan realmente si no hay un criterio construido previo a introducirse en ellas.

Sin restarle ninguno de los grandes beneficios que nos aporta el mundo virtual, es bueno ser conscientes de que el uso de las pantallas de manera lúdica puede tener algunos efectos nocivos: El somático; la falta de actividad física puede mermar la maduración corporal. El emocional; también es posible que la realidad esté lejos de lo que se ve en lo virtual y eso produzca agresividad y depresión. Y un tercer efecto negativo se produce en lo cognitivo, lo intelectual, con algunos efectos sobre el lenguaje o la concentración.

Dando como ejemplo lo que sucedió a raíz de la tardía introducción de la televisión en Bután, un país en el que los conceptos estéticos cambiaron en cuestión de cuatro años, esto es un problema que puede surgir si previamente no se ha cuidado la educación de la mirada.

Y para paliar este tipo de efectos, Ruiz nos pide distinguir entre el poder de la imagen y la potencia de la imagen. La foto que busca ser poderosa es contraria a la imagen que tiene potencia porque esta última está captada del mundo de lo real sin intencionalidad de narrar nada diferente a lo real.

El problema viene cuando desde el mundo virtual se hibrida el mundo real y el yo real se diluye en el yo virtual 

Los elementos de la cosmovisión dependen de cada persona, por eso, a la hora de enfrentarnos al análisis de las imágenes debemos preguntarnos qué depende de mí, cuáles son mis opiniones y cómo me responsabilizo de ello y cuáles son mis aspiraciones y qué pretendo entrando de manera activa en La Red.

Los elementos que no dependen de cada persona son las opiniones ajenas, los logros de los demás y los afectos de otras personas. Por todo esto, es importante hablar de educar a través de elaborar actos que tengan sentido al entrar en las pantallas. Dotando a las acciones de intencionalidad, por eso es verdaderamente fundamental contar a los niños y niñas para qué utilizamos nuestros dispositivos, porque tenemos que transmitirles cuáles son nuestros criterios a la hora de utilizar las pantallas. Esto, además, nos ayudará a pensar y asentar esos criterios.

Para terminar con su ponencia, dejó un último mensaje: hay que volver al asombro, al asombro de lo cotidiano, y hay que acompañar en la mirada, para que encuentren el asombro y al asombrarse sientan curiosidad y a partir de ahí tengan la necesidad de generar un cuestionamiento. Ese es el principio de la verdadera educación.

Hay que luchar contra la pérdida de la curiosidad y aprender a mirar las imágenes habiendo aprendido a analizarlas más allá del primer impacto. Pocas veces enseñamos a mirar imágenes y hace falta una rutina de pensamiento visual. Aprender a mirar, implantar una pedagogía de la mirada.

Por último, invitó a adaptar todo esto a las circunstancias propias, saber interpelar el proceso educativo de la mirada para que nuestros niños y niñas aprendan a entender qué condiciona su mirada y cómo pueden conectar sus yo virtuales con sus yo reales.

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