

Durante el curso sucede de vez en cuando (más en los fines de semana), en verano es algo más habitual: se aburren. Con ecuanimidad hay que decir que no lo hacen todo el tiempo y que para algunas y algunos adolescentes aburrirse no es algo necesariamente malo.
La reacción instintiva de padres y madres ―que sin darse cuenta se unen a esta ansiedad posmoderna que busca el entretenimiento constante― ante ese aburrimiento es procurar distracciones, buscar actividades, proponer entretenimientos…
Sin embargo, es bueno saber que el aburrimiento puede ser el preludio de una explosión neurocognitiva, puede ser el motor de arranque del sistema operativo más avanzado del ser humano.
Por lo tanto, en ocasiones, más que tratar de distraer al aburrimiento, conviene promoverlo.
En el cerebro el modo «piloto automático» no se apaga
Cuando los estímulos externos desaparecen, el cerebro de los y las jóvenes no se queda al ralentí, como cabría suponer. Al contrario, entra en la llamada Red Neuronal por Defecto (RND).
Mientras vemos a alguien en apariencia vegetativa en el sofá, la toalla o la tumbona, su cerebro está ejecutando una simulación de alta fidelidad sobre su propia identidad digna de una agencia espacial.
¿Qué cosas se hacen con la RND en acción? Soñar teniendo despiertos los sentidos, recordar acontecimientos personales del pasado, sentir empatía o distancia por otras personas, reflexionar sobre la identidad… Y todo eso, sin apenas darse cuenta.
Lo que entendemos por pasar un rato aburrido puede servir para ensayar mentalmente escenarios futuros, para consolidar la memoria, para analizar quiénes somos, para imaginar quiénes podemos llegar a ser. De ahí que sea interesante en ocasiones permitir al aburrimiento tomar los mandos del tiempo, sin interferencias, sin estímulos extras que no dejan al cerebro funcionar con un propósito interno.
Los dispositivos conectados ofrecen un embeleso que imita el estado de la Red Neuronal por Defecto, pero sin ofrecer la clave maravillosa del procesamiento de la identidad
Un poco de anatomía cerebral
Si aprovechando las vacaciones hiciéramos un recorrido turístico por ese cerebro adolescente en pleno aburrimiento que parece estar fuera de servicio, visitaríamos tres preciosos enclaves fundamentales:
Grandes momentos de la historia del aburrimiento
Arquímedes y la corona, de Walther Hermann Ryff, 1547 (©DominioPúblico)
Aunque el arquitecto romano Vitrubio lo contó siglos después con cierta seguridad, no hay nada que permita asegurar que Arquímedes dio con su principio de la flotabilidad de los cuerpos al meterse en una tina (la bañera de su época), así que el famoso ¡Eureka! del genio de Siracusa en pleno baño intrascendente puede ser un bulo de los monumentales.
Lo mismo sucede con lo que Voltaire ―tiempo después de que ocurriese el suceso― explicó sobre Newton: que dio con la ley de la gravitación universal mientras descansaba plácidamente en su jardín al ver caer una manzana de un árbol.
Ambas situaciones (el plácido baño y la meditación bajo el árbol) son perfectamente posibles, aunque no podamos confirmarlas. Sin embargo, sí podemos asegurar que ninguno de los dos llevaba a mano un dispositivo conectado y que en los momentos en los que el cerebro aparenta desconexión pueden aparecer grandes ideas.
Y ya que estamos hablando de grandes ideas…
Bertrand Russell ya lo advirtió: una generación incapaz de aburrirse será una generación de hombres y mujeres incapaces de soportar la monotonía creadora. Si un niño o una niña no aprende a lidiar con un domingo insulso o con unas vacaciones sin entretenimiento permanente, no sabrá manejarse en los años de esfuerzo monótono que requiere construir, por ejemplo, una relación sólida, una vida feliz o una carrera profesional que le merezca la pena.
El poeta rusoestadounidense Joseph Brodsky, en un célebre discurso sobre el aburrimiento, fue más allá al llamar al aburrimiento el «Sahara psicológico». Para él, el tedio es nuestra ventana sobre el tiempo en su monótono esplendor. Porque el aburrimiento nos enseña la lección más necesaria, la de nuestra insignificancia.
Lo que entendemos por pasar un rato aburrido puede servir para ensayar mentalmente escenarios futuros, para consolidar la memoria, para analizar quiénes son, para imaginar quiénes podemos llegar a ser
El peligro del refugio digital
Hoy, el conocido como capitalismo de la inmediatez ha convertido el aburrimiento en una enfermedad que debe erradicarse a base de clics, scrolls y enlaces sin fin. Las pantallas anulan el impacto del tiempo, aunque no lo llenan de sentido interno. Con sus algoritmos diseñados para la recompensa instantánea el refugio digital no soluciona el aburrimiento; lo hace crónico.
Es lo que la filósofa Josefa Ros Velasco, gran especialista en el aburrimiento, define como «una respuesta desadaptativa en una sociedad que patologiza el tedio y nos bombardea con eslóganes sobre la productividad constante».
Los dispositivos conectados ofrecen un embeleso que imita el estado de la Red Neuronal por Defecto, pero sin ofrecer la clave maravillosa del procesamiento de la identidad.
Distinguir entre me aburro y la vida es un aburrimiento

Es vital diferenciar entre el aburrimiento pasajero y el aburrimiento cronificado. Este último ocurre cuando la persona está atrapada en una situación general que hace que sea incapaz de usar la señal del tedio para movilizarse, para activarse, y termina refugiándose en el bucle de las redes sociales, que actúa como una anestesia.
Esta anestesia impide la incubación de ideas originales. Cuando no le damos tiempo al aburrimiento pasajero impedimos que la RND complete su ciclo de genialidad.
En otras palabras, si evitamos que nuestros hijos e hijas se aburran, estamos practicando una sobreprotección cognitiva que no necesitan.
El aburrimiento como superpoder adolescente
El pico del aburrimiento ocurre a los 16 y 17 años. No es casualidad.
Es el choque frontal entre un cerebro que busca experiencias adultas y una sociedad adulta que limita su autonomía. Pero es precisamente en este momento donde puede ocurrir la magia:
Porque el cerebro adolescente inmerso en aburrimiento se vuelve introspectivo, va procesando su identidad, y puede aparecer la necesidad del silencio (del digital y del ambiental), y pueden comenzar a surgir ideas originales que hagan nacer nuevas metas personales.
Cuatro preguntas cuyas respuestas están flotando en el aire (y en tu cabeza)
Para terminar, a partir de todas estas pautas para la reflexión, cuatro preguntas que tal vez sea interesante responder en familia, las respuestas no darán soluciones rápidas, sin embargo, tal vez puedan servir para consolidar una forma de pisar el terreno con más firmeza:
Hay una forma diferente de actuar según la persona, en tu caso, piensa si tal vez el mejor regalo que pueda hacerle este verano a tus hijas e hijos sea, simplemente, dejarles pasar ratos a solas con sus aburrimientos.


