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Comunicación No Violenta, nadando contracorriente

Estamos entrando de lleno en la aceptación social de la necesidad de la multialfabetización en la formación de la infancia y la adolescencia. Una manera de entender la educación que trasciende a los conocimientos de lectura, escritura y álgebra para integrar y conectar otras muchas competencias necesarias para desenvolverse en la sociedad actual.

Pati Blasco

 Saber manejar las relaciones con el entorno y con el resto de personas forma parte de esas competencias, de esos conocimientos de multialfabetización que ahora se entienden como primordiales para la formación integral de las personas. Y en lo que se refiere a la relación con el resto de personas hay un recurso tasado y que ha demostrado ser eficaz para fomentar relaciones empáticas, asertivas y respetuosas. Es la Comunicación No Violenta (CNV).

Pati Blasco lleva más de tres lustros acompañando a personas individuales, familias, centros educativos, y organizaciones en el camino hacia relaciones más humanas, auténticas y conscientes. Blasco forma parte activa de proyectos educativos y comunitarios, en los que la mirada está en la atención y el cuidado y en poner a las personas y sus entornos en el centro.

Nos cuenta, para empezar, a quién interesa ahora la CNV.

«La realidad es que hay mucha gente que está interesada a un nivel personal, pensando en su crecimiento, o por mejorar sus relaciones familiares o laborales. Sobre todo, se acercan mujeres. hay muchas mujeres solicitando y asistiendo a talleres , hombres se ven menos, sí que hay formadores, pero participantes muchos menos.

Y luego escuelas, en educación se usa mucho. Y en el entorno laboral cada vez más. El entorno laboral todavía tiene un aire bastante árido, hay bastante gente centrándose en eso pues los entornos laborales lo necesitan. Pero pedirlo, pedirlo, donde más interés tienen, es en los centros educativos»

En términos generales, la mayoría de la gente cree que intuitivamente sabe perfectamente lo que es la Comunicación No Violenta, pero en cuanto se empieza a indagar te das cuenta de que no es así, porque estas tres palabras juntas corresponden a algo muy tasado, muy estudiado. Realmente existe algo que se llama Comunicación No Violenta que no es lo que intuitivamente se suele entender.

«Eso es, hay que entenderla más como una cosmovisión, una metodología de comunicación y también una manera de estar y de vivir. Efectivamente es un modelo que creó Marshall B. Rosenberg. Que fue un psicólogo y mediador estadounidense que se puso a investigar la raíz de la violencia. Se preguntaba por qué hay personas que ante los mismos acontecimientos actuaban de una manera violenta y otras de una forma compasiva y más serena.

Y a partir de sus estudios creó este modelo de comunicación que tiene unos pasos a seguir, estudia dónde poner la atención y dónde centrarse, y realmente es algo mucho más profundo; una manera de estar y de mirar la vida y las relaciones.

Por otro lado, si te quedas en el método, para mí es algo que se queda un poco insuficiente, aunque también útil, pero si vas profundizando, si vas quitando capas, lo acabas por integrar mucho en tu modo de vivir.»

 En la etapa educativa el aprendizaje de este sistema de valores va poco a poco incorporándose. Pati Blasco, por ejemplo, imparte formación en muchos centros escolares, donde encuentra alumnado de todas las edades. Resulta interesante conocer hacia qué edades se enfoca este aprendizaje y cuándo resulta más eficaz.

«A mí como más me gusta enfocarlo es hacia los adultos que acompañan. Porque son (somos) modelos. Si das un taller a los jóvenes y luego el profesorado tiene fórmulas de relación interpersonal que no tienen nada que ver con lo que has contado, no tiene ningún sentido.

En estas estructuras que tienen, al final, una forma piramidal; en las que hay unas jerarquías, nos parece interesante sobre todo formar a las personas que tienen el poder de incidencia, por así decirlo, porque son quienes tienen más posibilidad de impactar y de cambiar.

Y, por supuesto, con un acompañamiento a los jóvenes en la gestión de los conflictos, en círculos restaurativos, ante cualquier tipo de cosa que suceda. Pero para empezar a trabajar en un centro lo ideal es hacerlo primero acompañando a los adultos a intervenir y relacionarse. Y cuando ya es un centro en el que eso se ha trabajado bastante, entonces resulta mucho más sencillo trabajar con el alumnado. En resumen, es mejor que la formación vaya de arriba abajo, permeando.»

 La experiencia con grupos de docentes, con jóvenes y familias en la gestión de relaciones, ¿permite confirmar que la CNV aporta conexión y cohesión, que es transformadora y que mejora la convivencia educativa y social de manera muy evidente?

 «Para mí sí, para mí muchísimo. También es verdad que hay a quien le cala muchísimo y enseguida hay algo que le resuena, y hay otras personas a las que no tanto. Normalmente cuando el equipo directivo o un claustro cree en esto, el cambio es muy grande. En muchos casos, con que dos o tres personas lo incorporen en un centro enseguida experimentan que las vivencias son otras.»

Para mí lo más difícil o lo que más cuesta al principio es comprender que lo que sentimos no tiene tanto que ver con lo que el otro o la otra hace, sino con lo que necesitamos

La CNV ha demostrado ser eficaz para fomentar relaciones empáticas, asertivas y respetuosas

Y a todo esto, podríamos decir que, en nuestra sociedad, tratar de impartir CNV en las escuelas es nadar contracorriente, porque da la sensación de que el mundo adulto va por otro camino, incluso en algunos ámbitos de influencia, en dirección opuesta.

«Sí. Estamos todavía en una sociedad muy arraigada en la lucha, en la separación y en la escasez. Y esos son los tres focos de los que surge la violencia. Si crees que no hay suficiente para todo el mundo aparece la lucha por lo mío, por tener la razón, por lo que sea. Y a eso se le añade la separación: tú eres una cosa y yo soy otra, el planeta es una cosa y otra mi familia o mi país. Entonces, en estos tres puntos es en los que trabaja mucho la Comunicación No Violenta de una manera, en algunos aspectos, más directa y en otros, más sutil.

Es un trabajo muy bello y espiritual y a la vez práctico.»

No cabe duda de que debe de ser así. Y, sin embargo, al hablar de Comunicación No Violenta, es posible que haya quien pueda sentir cierto rechazo porque le parezca débil o porque le resulte un poco blandengue la idea.

 «Lo que sí sucede es que mucha gente relaciona Comunicación No Violenta con hablar suave, con ser complaciente, y para nada es eso, claro. La CNV aboga por la claridad, por la honestidad, algo que se hace de una manera cuidadosa, cuidándote a ti y a la otra persona.

Hay un libro muy bonito que se llama, Deja de ser amable, sé auténtico (Thomas D’Ansembourg,2003) que habla de esto. No se trata sólo de las formas, se puede ser muy amable y muy violento.»

Nos parece interesante sobre todo formar a las personas que tienen el poder de incidencia, por así decirlo, porque son quienes tienen más posibilidad de impactar y de cambiar

¿Qué es lo más difícil de enseñar? ¿Cuál es la mentalidad que hay que romper o a qué cambio de pensamiento te tienes que enfrentar cada vez que te pones delante de gente que quiere aprender esto?

 «Para mí lo más difícil o lo que más cuesta al principio es hacer comprender que lo que sentimos no tiene tanto que ver con lo que el otro o la otra hace, sino con lo que necesitamos, que es una de las bases de la comunicación no violenta. (…) Porque realmente es mucho más fácil culpar a los demás o a las circunstancias de lo que nos pasa que hacernos cargo, aunque los demás tengan una responsabilidad en lo que nos pasa.»

Para terminar, Pati Blasco nos deja una reflexión que tiene que ver con lo que ayuda la CNV a conocerse bien, a ser consciente de cómo eres y de que emocionalmente hay siempre un camino por recorrer.

«Estar juntos, convivir, tiene unos impactos. Lo que hacemos impacta en los demás. ¿Qué tipo de impacto queremos ser en las demás personas?»

 

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