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Un curso para elevar la Inteligencia Humana

Los inicios de curso suelen venir acompañados de noticias impactantes, parece que si algo no va a causar suficiente impacto no pasa a ser noticia. Este curso tenemos el informe PISA y su correspondiente avalancha de opiniones adyacentes y la llegada a los titulares de un desconocido investigador de una compañía de IA advirtiendo de algunos peligros inquietantes.

Y sin perder estas y otras cosas de vista, no está de más que busquemos contrapesos, porque hay mucha gente trabajando cada día para crear un futuro mejor.

Estos días, de modo escalonado en función del territorio, comienza el curso 2026-27 en nuestro país. Un curso que tiene que servir para consolidar un modelo y, por lo tanto, para acercarse a una ansiada estabilidad.

En este curso no hay que implementar nuevas leyes, eso permitirá dedicar tiempo a optimizar lo ya construido, a centrar los esfuerzos en la calidad de la enseñanza y en la preparación del alumnado para los desafíos que la sociedad les pondrá en pocos años.

Entramos en una fase, por tanto, que podríamos llamar de madurez, en la que la incertidumbre tiene que dar paso a la consolidación del modelo buscado; un modelo asentado en la adquisición de competencias y en el bienestar integral del alumnado.

Tampoco han saltado a los titulares ni a las tertulias los refuerzos de las plantillas docentes del sector público en algunas comunidades ni las medidas estratégica diseñadas para reducir la carga lectiva directa del profesorado de secundaria en otras. Pero ambas cosas están ahí.

El éxito académico hoy depende más que nunca de la coherencia entre el aula y el hogar

Centrándonos en las edades de adolescencia y primera juventud

Entramos en un curso en el que se consolida también el Bachillerato General, una interesante oferta educativa que se suma a los bachilleratos de Ciencias y Tecnología; Humanidades y Ciencias Sociales y a los de Artes. El «General» es una opción que responde a la realidad laboral actual, donde la capacidad de integrar conocimientos de distintas áreas es esencial para gestionar la incertidumbre profesional.

Otra cosa que se irá consolidando es la decisión final de promoción de cada alumno o alumna, que ya es una decisión colegiada, los equipos docentes tienen afianzada esa función y decidirán si quien no haya aprobado todas las materias puede o no pasar de curso.

Para los alumnos de 2º de Bachillerato, este curso estará condicionado por la transición final hacia el nuevo modelo de la PAU, la prueba de acceso a la universidad que ya se llama igual en toda España, (lo que no significa que sea la misma en todo el territorio).

Y como el rigor académico es más asequible si se sustenta sobre una base emocional sólida, puesto que la excelencia intelectual es inseparable de un entorno de aprendizaje saludable, nuestro sistema educativo pone también el foco en la salud mental y la convivencia.

En el curso 2026-27, se van a consolidar estrategias que integran el bienestar emocional como una prioridad, pues se entiende que una persona adolescente que siente seguridad y apoyo tiene una mayor capacidad de aprendizaje.

¿Esto en qué medidas se puede ver reflejado?

 En la concesión de becas, que ayudan a la permanencia en el sistema; en ayudas para la movilidad geográfica; en planes de refuerzo de matemáticas y lectura; en criterios de acceso y ayudas para la equidad para las personas con discapacidad.

De cada uno de estos asuntos se podría hacer una noticia también, tal vez no sería impactante y por eso son cosas que, aunque suceden, pasan desapercibidas.

Entramos en una fase, por tanto, que podríamos llamar de madurez, en la que la incertidumbre tiene que dar paso a la consolidación del modelo buscado

La convivencia también se refuerza mediante decretos de «entornos seguros». En algunas comunidades se han activado protocolos reforzados contra el acoso y el ciberacoso que incluyen la mediación escolar como herramienta de resolución de conflictos.

Además, muchas comunidades autónomas ―que son las instituciones que tienen las competencias sobre educación, esto es algo que no hay que perder de vista―, están poniendo en marcha planes de reducción de la burocracia, implantando herramientas digitales para aligerar el papeleo administrativo del profesorado. Esto tendrá una influencia muy positiva en la labor docente.

Y el gran asunto del curso

 El que convoca todas las atenciones es confirmar que nuestros centros educativos han entrado en una fase de madurez digital.

Tras la inversión masiva en hardware del Plan #DigEdu ―Este Plan de digitalización y competencias digitales del sistema educativo ha movilizado una inversión total de 1.285 millones de euros, ha sido financiado a través de los fondos europeos NextGenerationEU y ejecutado entre 2021 y agosto de 2026―, de forma consecuente, el curso 2026-27 tiene que pasar a enfocarse desde el «qué» (los dispositivos) al «cómo», y sobre todo al «para qué» (la pedagogía ética).

Frente el aluvión de informaciones que aparecen a diario, este curso tendrá la posibilidad de poner la tecnología al servicio de lo humano.

Otra buenísima noticia de esas que no pasan a la primera plana es que este curso se inicia con más de 665.000 profesoras y profesores con acreditación oficial de su Competencia Digital Docente. Toda una garantía de que el uso de lo digital no será improvisado.

La regulación de dispositivos conectados personales en educación secundaria responde a la necesidad de equilibrar la carga cognitiva del alumnado. El objetivo es que primero desarrollen el pensamiento abstracto autónomo. Se busca que pasen de ser consumidores pasivos y pasivas de entretenimiento a utilizar las tecnologías desde una actitud creativa y creadora.

De ahí que además de priorizar plataformas educativas seguras se buscará la manera de que la utilización de la IA sea impulsora y no sustitutiva del esfuerzo intelectual. Y aquí será necesaria la colaboración de las familias, marcando en los hogares esta nueva ética digital que se persigue. El éxito académico hoy depende más que nunca de la coherencia entre el aula y el hogar.

Ante la dificultad técnica de detectar los contenidos generados por IA, el sistema educativo va a ir cambiando las fórmulas de evaluación.

Para evitar que el lenguaje se homogenice (algo de lo que hablaremos con tiempo y calma próximamente aquí), evitar también que todos los trabajos parezcan el mismo, que no se incorporen miradas originales a lo aprendido, para todo eso se están poniendo en práctica interesantes propuestas:

Como regresar al papel y al formato manuscrito en el aula.  O como dar más peso a la validación presencial, a través de presentaciones al grupo o de exámenes orales para demostrar que se domina un contenido. O sancionar los fraudes, porque un trabajo generado por IA sin declararlo es un fraude académico, y eso puede llevar a la no calificación y a la pérdida del derecho a la evaluación continua.

En conclusión, este curso 2026-27 es una oportunidad excepcional para que garanticemos que adolescentes y jóvenes sean no solo técnicamente competentes, sino personas honestas, críticas y emocionalmente equilibradas.

Sabemos que aún queda camino para llegar a una situación ideal, hay muchos problemas y mucho que mejorar, pero eso no impide que todo lo positivo que hemos comentado esté ahí, marcando el paso y señalando que hay que seguir intentando perfeccionar nuestro sistema educativo.

Y en eso estamos. Desde Educación Conectada vamos a seguir incorporando ideas, propuestas de formación para familias y docentes y ―como venimos haciendo desde hace años― mucho optimismo con los pies en el suelo.

Empieza un curso que va a ser apasionante. 

 

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