

El informe «Caminos Educativos» del Centro Reina Sofía de Fad Juventud basado en 1.000 encuestas a familias de toda España es un recurso valiosísimo para conocer el rumbo hacia el que quiere dirigirse nuestra sociedad.
Portada del informe “caminos educativos”
Con el objetivo de analizar las prioridades, las brechas y las representaciones sociales que marcan las decisiones sobre educación de jóvenes y familias se ha llevado a cabo esta investigación que arroja mucha luz sobre algunas preguntas importantes.
¿Qué hay detrás de la elección de los centros? ¿Qué se persigue al incorporar a la educación no formal a las y los jóvenes? ¿Se toman en cuenta sus opiniones en la construcción de su futuro?
Teniendo en cuenta que el futuro no está escrito, que se hace camino al andar, como escribió Machado, que cada vida es diferente y cada persona un mundo, valoremos lo general para conocer por dónde va nuestra sociedad en este apartado de la educación.
Lo que preocupa a las familias, a la luz de los resultados de este estudio, es dar con el camino educativo «perfecto» para cada hijo e hija. Esto es una de las mayores fuentes de estrés para las familias, algo que no lo era tanto hace apenas unas décadas.
Cinco grandes claves:
Con los datos que expone el informe, podemos comprobar que la crianza en España ha evolucionado hacia un modelo relacional autorizativo o democrático, que es, de los cuatro estilos definidos, el predominante en el 71,7% de los hogares.
En este estilo, que precisa una alta implicación parental, se construye la relación intrafamiliar con normas claras y razonadas y se escucha de forma activa la opinión de los hijos e hijas.
A medida que van creciendo, buscando la autonomía y el bienestar emocional, se ve que se dan pasos hacia el llamado estilo permisivo (en el que se evitan las reglas estrictas), alcanzando un 21,6% a partir de los 16 años.
Los estilos directivo o autoritario y autónomo o negligente están pasando a ser más residuales, parte del pasado, van descartándose y con ellos se va abriendo el camino a fórmulas de relación más avanzadas, flexibles y abiertas.
Las familias avanzan ahora con el deseo de proteger el entorno de sus hijos e hijas y con la necesidad de dotarles de herramientas sólidas para un futuro
La preocupación por el entorno supera a la que producen las calificaciones individuales
Un dato sorprendente emerge de la sección de preocupaciones formativas: la mayor inquietud de las familias no es el rendimiento académico, sino el contexto social.
El 47,3% de los padres y las madres teme que la influencia negativa de las amistades o el entorno social perjudique el desarrollo de sus hijos.
Si miramos ese dato desde una mirada sociológica, observamos un cambio de paradigma: estamos pasando de un modelo basado en el esfuerzo individual a un modelo de gestión del riesgo.
Es decir, que las familias ya no se preocupan únicamente de incentivar el mérito de sus miembros, sino que perciben el contexto social como un factor de vulnerabilidad externo que escapa a su control directo, y eso les preocupa por encima del esfuerzo personal de cada joven.
Las actividades fuera del horario escolar ya no son una mera herramienta de conciliación. Analizando los resultados del estudio, queda claro que, al buscar diferentes objetivos en función del tipo de familia, funcionan como un mecanismo de reproducción de estatus y de lo que podemos llamar desigualdad invisible.
¿Por qué podemos afirmar eso? Porque la participación en otras actividades de formación fuera del horario escolar varía drásticamente según la capacidad económica del hogar. En familias con rentas altas, El 92% de los hijos e hijas participan en estas actividades. Sin embargo, en las de rentas bajas la participación desciende significativamente hasta el 68,1%.
También hay diferencias en función del nivel educativo de familiares ascendentes. Mientras Las familias de nivel educativo alto apuestan por reforzar el conocimiento de idiomas (51,1%) y por incorporar el aprendizaje musical (17,6%), con el claro objetivo de dotar a sus hijos e hijas de un capital cultural distintivo, en los hogares con menor nivel formativo se recurre más al refuerzo escolar (24,5%), buscando compensar las carencias que detectan en el sistema formal.
La mayor inquietud de las familias no es el rendimiento académico, sino el contexto social
Al margen de las actividades que se eligen y se programan para complementar el día a día de niños, niñas, adolescentes y jóvenes, es importante tener en cuenta que las familias, en el discurrir de los días, semanas y meses, transmiten un capital educativo compuesto por conocimientos, habilidades y disposiciones que facilitan o no el aprovechamiento de su paso por el sistema educativo.
El avance de la corresponsabilidad es lento. Los datos reflejan una persistente brecha de género en el acompañamiento educativo cotidiano. La carga del seguimiento y la gestión de la educación sigue recayendo mayoritariamente sobre las mujeres.
El 35,6% de las madres afirma ayudar siempre con los deberes, frente a un 21,1% de los padres.
En cuanto a la relación con el centro escolar, el 76,9% de las madres asiste siempre a las tutorías, algo que hacen el 52% de los padres. El camino hacia la igualdad, también en este apartado, es aún largo.
Así que podemos afirmar que la carga de los cuidados y el acompañamiento recae ahora, como lo ha hecho siempre, en las mujeres, y que la teoría de la corresponsabilidad parental parece necesitar más tiempo para poder ser verificada con la práctica.
Y 5. Aún persisten los sesgos de género en el camino educativo
Las brechas en las vocaciones no nacen en la etapa universitaria, lo hacen ya en las decisiones de educación no formal tomadas desde la infancia.
En las actividades de tecnología y robótica participan el 8,1% de los niños frente a solo el 1,3% de las niñas, mientras que en las actividades artísticas lo hacen el 32,3% de las niñas y el 7,1% de los niños.
¿Las razones? Hay que buscarlas en los procesos de socialización estereotipados que imponen en las niñas expectativas de madurez anticipada centrada en lo académico y lo estético, sin embargo, en los niños se legitima una continuidad lúdica cuando van alcanzando edades más maduras, permitiéndoles desarrollar hobbies tecnológicos y deportivos con mayor libertad.
En conclusión, vivimos en un país en el que la educación preocupa, y mucho, en el que se busca un equilibrio entre hacer la vida llevadera a toda la familia durante la etapa escolar y diseñar un itinerario formativo que aumente el capital cultural de niños, niñas, adolescentes y jóvenes.
Las familias avanzan ahora con el deseo de proteger el entorno de sus hijos e hijas y con la necesidad de dotarles de herramientas sólidas para un futuro que les parece incierto.


