En muchas ocasiones, comprobamos que el comportamiento de nuestros alumnos en el aula depende de su grado de motivación por el contenido que se trabaja. Incluso, por encima del interés puntual que puedan tener en alguna sección, influye el rendimiento general que demuestran en la clase. Por eso, quizá sea conveniente fijarse primero en el grado de comprensión que tienen los estudiantes, como medida para analizar su comportamiento.

Revisando los estudios que se han realizado en los últimos años para analizar cuáles son las claves que mejoran el rendimiento, nos solemos encontrar siempre con una serie de elementos comunes. Estos elementos están, además, relacionados de forma directa con la convivencia en las aulas, lo que nos demuestra que determinadas prácticas pueden conseguir que nuestros alumnos aprendan mejor y sean también capaces de comportarse de forma adecuada.

 

Organización de la información.

Una de las cuestiones que más suelen valorar los estudiantes a la hora de afrontar el contenido de una materia, es no perderse entre los datos. Tienen que percibir una organización clara, que les ayude a comprender adecuadamente el contenido. 

Al quejarnos de algunos alumnos y su comportamiento, solemos decir que parecen estar perdidos. Puede que estudien más o menos, que su rendimiento sea mayor o menor en algunos momentos, pero siempre tenemos que darles la posibilidad de reengancharse. Debemos mostrarles dónde nos encontramos. Evidentemente, si poseen lagunas, será difícil que puedan seguir las explicaciones, pero si comprenden lo que estamos trabajando, dentro del conjunto de contenidos de la materia, será mucho más fácil conseguirlo.

 

Dinamismo de las clases.

El aprendizaje no sólo se desarrolla mediante el estudio, es necesario que nuestros alumnos sean capaces de aumentar su competencia para adquirir conocimiento. Aquí es donde entran todas las dinámicas de investigación, de relación de la información y de prácticas en el aula. 

Quizá lo más importante sea hacerles sentir partícipes del proceso, fomentando la idea de que toda información puede ser relevante si son capaces de relacionarla de manera adecuada. De la misma forma, el hecho de realizar prácticas en las diversas asignaturas, contribuye sobremanera a mejorar su comprensión del contenido. Estas prácticas, si se llevan a cabo a lo largo del curso, harán posible que los estudiantes enlacen los datos que se han impartido en cada una de ellas. Es decir, serán capaces de trazar un mapa de los contenidos trabajados, en base a las prácticas realizadas.

Este tipo de cuestiones, que fomentan su participación en el proceso de enseñanza-aprendizaje, resultan fundamentales tanto para mejorar los resultados, como para aumentar su implicación en el aula.

 

Información previa como punto de arranque de los nuevos contenidos.

Antes de comenzar con una sección nueva en cualquier materia, es conveniente revisar si dicha información ha sido trabajada previamente. Esto puede resultar fundamental para ubicar adecuadamente al alumnado en los conceptos que van a ser tratados.

En la mayor parte de las ocasiones, durante los cursos anteriores ha podido hacerse, al menos, una introducción a dichos datos, lo que le permitiría al docente relacionar el contenido que se trabajó en su momento con las unidades didácticas que van a desarrollarse ahora. 

Esto cumple dos objetivos: por un lado, mejora la comprensión del alumnado, por otro lado, evita cualquier tipo de interferencia no deseada. Si estamos trabajando un contenido que ha sido tratado el año anterior, es bastante posible que el estudiante no tenga clara toda la información que vio en su momento, pero recordará algunas secciones. Si ese material no vuelve a organizarse adecuadamente en su mente, es muy posible que, lejos de ayudar, influya negativamente en el nuevo aprendizaje, creando confusión.

 

Una imagen vale más que mil palabras.

Puede que no siempre sea así, pero la realidad es que casi todos los estudios realizados sobre la inclusión de imágenes en libros de texto, refuerzan la idea de que la imagen no sólo ayuda a la comprensión, sino que mejora, y mucho, las posibilidades de retención de la información. Esta cuestión es particularmente notable al realizar infografías y mapas mentales, por la relación que se establece entre el texto, el lenguaje icónico y el contenido.

 

Uso de material multimedia interactivo en el aula.

El hecho de utilizar una serie de materiales que sean capaces de reforzar mediante la imagen y el sonido el contenido que se trabaja, facilita enormemente la memorización. Además, hace más sencilla la comprensión de la relación que establece el docente entre los datos. 

A todo esto hay que añadir la presencia de elementos interactivos en el material multimedia, si es así, el hecho de que el estudiante deba interactuar con la información, facilita tanto su motivación como la experimentación con los contenidos. De la misma forma que antes hablaba de lo mucho que favorecen las prácticas la comprensión de los datos, aquí, en un nivel menos experiencial, estaríamos hablando de lo mismo. Una práctica en un aula se basa en la manipulación y la experimentación. Cuando utilizamos la tecnología para realizar dinámicas similares, estamos haciendo lo mismo, aunque en un ámbito diferente. La facilidad con la que podemos usar la tecnología para desarrollar contenidos, realizar procesos de investigación y reforzar, mediante material multimedia, nuestros procesos de trabajo, hacen de su uso cotidiano una herramienta fundamental para el aprendizaje de nuestros alumnos. 

Tampoco debemos perder de vista la fuerte motivación que despierta en los estudiantes, no sólo por sus características, sino también por las posibilidades de creación que tienen estas herramientas.

 

Todas estas cuestiones que he comentado, si bien están dirigidas a la mejora del proceso de enseñanza-aprendizaje tienen, como comentaba al principio, una gran influencia en la convivencia en las aulas. Un alumno que se siente perdido en las clases, es difícil que se comporte bien en ellas. Por eso, la mayor parte de estas dinámicas, pueden contribuir a “enganchar” al alumnado, a hacerle recuperar su confianza y a implicarle de nuevo en el centro.
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