Cuando un profesor habla en el aula, todas las palabras cuentan. Igual que cuenta el lenguaje corporal, el ánimo y la emoción que ponga en su trabajo. Hay veces que, como docentes, caemos en una cierta rutina al abordar nuestras clases. Es cierto que esa rutina nos da seguridad y nos permite organizarnos de una forma más estable. Pero también es verdad que, en algunas ocasiones, nos lleva a perder una cierta emoción, a evitar que nos impliquemos de la misma manera en que lo hacíamos antes.
Por eso, la renovación constante es una de las cuestiones que tanto los alumnos como nosotros mismos, agradecemos. Eso no significa que tengamos que estar continuamente probando cosas nuevas, pero sí que deberíamos encontrar estrategias que nos permitan disfrutar de las clases que damos, mientras hacemos disfrutar también a nuestros estudiantes. Porque de eso se trata, en el fondo. La educación, por encima de todo, debe contagiar el entusiasmo por la creatividad, por hacernos preguntas, por mejorar destrezas y conocimientos. Y nosotros, los docentes, debemos tener también una recompensa emocional en todo el proceso. Además, todos sabemos que nuestras sensaciones se transmiten a los estudiantes. La desidia, la pasión, el cansancio y las ganas de empezar algo. Todo se contagia. Así que tenemos el deber de disfrutar de nuestras clases, de transmitir nuestra emoción, de entusiasmar a nuestro alumnado.

Esta idea, que puede parecer ingenua, es quizá lo más importante que he aprendido como docente. Hablamos siempre de la necesidad de saber transmitir el conocimiento. En algunas ocasiones he oído críticas hacia un profesor basadas en esa misma frase “tiene un gran dominio de la materia, pero no sabe enseñar”. La claridad a la hora de exponer nuestros conocimientos es fundamental, pero no podemos perder de vista algo más importante todavía: si conseguimos interesarles con ese conocimiento estaremos logrando que aprendan de verdad. Y al entregarles la emoción por el contenido abriremos la puerta al desarrollo de su propio aprendizaje. A partir de aquí, podremos construir proyectos de investigación, y favorecer la autonomía de los estudiantes mediante el desarrollo de diferentes actividades que nos permitan disfrutar con ellos de la aventura del conocimiento.

Recurerdo una frase de Steve Jobs. Decía que todas la mañanas se miraba en el espejo y se hacía la misma pregunta “Si hoy fuera el último día de mi vida, ¿me gustaría hacer lo que estoy a punto de hacer?” Comentaba que cuando la respuesta era no, durante muchos días seguidos, se daba cuenta de que tenía que cambiar algo. Yo he pensado muchas veces esto ante mi profesión. Y me he dado cuenta de la importancia que tiene disfrutar, sentir que lo que haces merece la pena. Puede que mi trabajo me lleve todavía demasiado tiempo, pero es un tiempo que nunca considero perdido; y no porque sea útil, o porque me de buenos resultados, es porque realmente me apasiona lo que hago.

Durante la última semana, he tenido la suerte de participar en iTIC, una serie de conferencias y mesas redondas con otros profesores apasionados. Docentes que, con realidades radicalmente diferentes, han puesto en marcha proyectos que mejoran el aprendizaje de los estudiantes, así como la creatividad de toda la comunidad educativa. 
Los seres humanos actuamos por contagio, y esas jornadas fueron claramente contagiosas. Nos hicieron disfrutar a todos con el esfuerzo de una serie de personas que creen en la educación, y que han hecho de su trabajo un elemento más para disfrutar de sus vidas. También resulta particularmente interesante, en este tipo de jornadas, los talleres. En ellos diversos docentes nos reunimos para colaborar alrededor de una nueva herramienta o de una metodología común. Esto, que está relacionado con el aprendizaje práctico que he comentado tantas veces, es todavía más fascinante cuando tienes la oportunidad de disfrutarlo como alumno.

Si tienen tiempo busquen las webs de las personas que participaron en el programa. Podrán encontrar propuestas de Centros Rurales Agrupados, de Centros de Educación Infantil, Primaria y Secundaria, así como de Institutos y de diversos formadores independientes.

Muchos de esos proyectos, aunque están basados en el uso de herramientas tecnológicas, tienen un alto grado de colaboración, trabajo común, y de mejora de la convivencia a través del trabajo cooperativo. Particularmente interesantes son aquellos que se basan en el desarrollo de proyectos de creación colectiva. Hay programas de radio, de vídeo, así como propuestas de tutorización entre alumnos y de creación de contenidos. Siempre he comentado que la colaboración entre los estudiantes mejora de forma visible la convivencia, más aún cuando hay toda una serie de profesores animando a que se consigan los objetivos entre todos.

Pueden encontrar las propuestas de este año en http://www.iticlab.es/camarote/jornadas-itic-2014/
Echenles un vistazo. Y contágiense.

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