Las flipped classroom o clases invertidas, transforman por completo la forma de trabajar en el aula. Es un concepto metodológico que le da la vuelta al sistema tradicional. El docente, en lugar de explicar en clase y encargar las actividades para su realización en casa, solicita a los alumnos que se acerquen primero a la teoría mediante una serie de materiales; posteriormente, trabaja con los estudiantes en el aula, con el objetivo de incidir en la adquisición práctica del conocimiento, en la solución de dudas individuales y en el desarrollo de diferentes iniciativas para su realización en grupo.

Normalmente, los recursos utilizados por los alumnos en sus hogares para aproximarse a los conceptos, son materiales multimedia, seleccionados o desarrollados por el profesorado. Este material sirve de punto de partida, pero también de elemento de referencia al que los estudiantes volverán constantemente en el desarrollo del trabajo que se lleve a cabo posteriormente. La idea es cambiar también el papel del profesor. Dejaría de ser un repetitivo transmisor de información, para convertirse en un dinamizador de diferentes propuestas. Este cambio provoca que se le de una mayor importancia a la práctica, a la interacción humana y al trabajo en equipo, a la hora de diseñar estrategias de aprendizaje. También es posible preparar iniciativas de investigación, así como conseguir individualizar mucho más la enseñanza.

Todas estas ventajas hacen que ya se estén dando numerosas experiencias de flipped classroom y, en la mayoría de los casos, el resultado suele ser bastante positivo. Una de las cuestiones que siempre destacan los docentes que ponen en marcha esta metodología, es la necesidad de establecer una precisa organización de las clases. No suele ser conveniente que se conviertan, simplemente, en un espacio para solucionar dudas. Lo interesante de estas propuestas es que permiten que haya tiempo en las aulas para la adquisición de un conocimiento práctico, para la creación de nuevas propuestas, investigaciones o materiales.

El hecho de que estas estrategias estén teniendo un gran seguimiento, hace que dispongamos de mucho material para su utilización con nuestros estudiantes. Especialmente en algunas áreas, como en matemáticas, podemos encontrarnos una gran cantidad de trabajos que nos permitirían realizar sin problemas estrategias de flipped classroom, o apoyar, si lo preferimos, el trabajo que se está haciendo en el aula.

 

Es evidente que este tipo de organización tiene una gran influencia sobre la convivencia en las aulas. Las flipped classroom mantienen una mayor interacción entre el alumnado. También presentan un modelo, según el cual, el papel del docente es bastante más activo. Por un lado es el dinamizador fundamental del conocimiento, pero también se exige de él un componente creativo, ya que le obliga a preparar una gran cantidad de materiales y recursos, tanto para los hogares como para las propias clases. Si queremos sacar rendimiento a este tipo de organización, la estructuración del trabajo en el aula debe ser fundamental. Posiblemente esta cuestión sea una de las que más influya en la convivencia. Si en ese tiempo los alumnos se dan cuenta de que la organización está plenamente reglada, se adaptarán a las posibilidades que vaya transmitiendo el profesor y serán capaces de desarrollar su creatividad a través de las diferentes actividades. Sin embargo, si no se hace así, corremos el riesgo de que una rica interacción se convierta en una colección de tiempos muertos o en un mero desarrollo de deberes en los cuadernos. Las flipped classroom nos ofrecen una gran cantidad de posibilidades para la tutorización y el aprendizaje entre iguales, así como para conseguir que los estudiantes sean capaces de poner en marcha iniciativas basadas en el trabajo común, pero no podemos olvidarnos de algo importante: el docente debe ser capaz de dirigir la dinámica de la clase en esa dirección. Cualquier cambio pedagógico es una oportunidad, pero también, precisamente por eso, tiene un componente de riesgo. Transformar de una forma tan radical el planteamiento de las clases es una cuestión que no debe tomarse a la ligera. Si queremos sacarle el máximo rendimiento a cada una de estas experiencias, debemos tener el tiempo y la capacidad para preparar los materiales y elaborar los proyectos. Necesitamos comprometernos a realizar un gran trabajo con nuestros estudiantes, porque ya no estaremos siguiendo un método más, sino creando, de una forma totalmente personalizada, materiales, dinámicas y recursos para ellos. Pero si lo hacemos bien, los resultados pueden ser realmente sorprendentes, ya que nunca habíamos tenido ni tantos recursos tecnológicos ni tantas posibilidades de llevar a cabo una transformación tan profunda del sistema. Es un cambio de concepto que, si bien era posible con otra serie de materiales, se vuelve mucho más dinámico y cercano con la utilización de recursos multimedia. Y la interacción, las posibilidades para desarrollar el trabajo en equipo, así como la colaboración que propicia el docente entre los estudiantes, pueden darle también la vuelta por completo a nuestro trabajo con respecto a la convivencia escolar.

 

 

 
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