Existen investigaciones actuales en torno al papel de la inteligencia emocional sobre el funcionamiento personal, social y académico de los alumnos. Un reciente estudio de meta-análisis de cerca de más de 300 investigadores ha mostrado que la educación socioemocional mejora el desarrollo integral pero también el aprendizaje académico. 

Estos últimos años hemos venido asistiendo a grandes cambios en el sistema educativo español en relación al proceso de modificación de la escolaridad obligatoria (LOE, 2006) orientados al desarrollo integral centrado en competencias. Ésta es la oportunidad para integrar “de verdad” la inteligencia emocional en la práctica docente. En nuestras aulas trabajamos la competencia lingüística, matemática, digital…. pero ¿ponemos el mismo énfasis en relación a la competencia de aprender a aprender o a la social y ciudadana? Ocurre que al considerarse estas últimas como transversales, en realidad permanecen en “tierra de nadie” lo que lleva en muchos casos a contar con un menor peso específico en nuestro currículo práctico.

En otros países como EEUU o Gran Bretaña se ha impulsado el trabajo en esta línea. El grupo The Collaborativive for Academic, Social, and Emotional Learning (CASEL) en Estados Unidos lleva promocionando la inclusión socio-emocional en las escuelas desde hace más de dos décadas. Estos programas añaden un plan para gestionar la vida: mejorar la autoconciencia y la confianza en uno mismo, dominar las emociones y los impulsos perturbadores, y aumentar la empatía y la colaboración. En Gran Bretaña se ha realizado un trabajo para implementar un programa de promoción de la inclusión, cohesión social, aprendizaje y bienestar emocional infantil mediante la educación de estas competencias emocionales en los niños llamado “Every Child Matters” (DfES, 2004).

 Joseph LeDoux profesor del Centro de neurología de la Universidad de Nueva York, en su obra “El cerebro emocional” presenta una visión general sobre los mecanismos cerebrales de las emociones. Existe un procesamiento emocional precognitivo. De hecho este autor propuso el concepto de sistema de evaluación amigdalino, y a la amígdala se le atribuyen funciones de valoración primaria sobre estímulos emocionalmente relevantes para el organismo. La corteza prefrontal, el eje ejecutivo del cerebro, es un área del cerebro que la experiencia moldea durante la infancia. Esta área alberga los circuitos para inhibir los impulsos emocionales perjudiciales y para prestar atención, para relajarse y concentrarse. En la actualidad los científicos creen que si se despeja la mente de la impulsividad y la angustia, la mente del niño se sitúa en el mejor terreno para el aprendizaje, y esto lo consigue el aprendizaje social y emocional.

La ciencia ha demostrado así la falacia de la dicotomía razón y emoción. Contamos con estudios que han demostrado cómo la emoción afecta no sólo a los contenidos del pensamiento sino también a los propios procesos implicados en éste (Bless, 2000) y en la interacciones sociales (Lupton, 1998).

Otro argumento más a favor de la inteligencia emocional sería que las emociones y las habilidades relacionadas con su manejo, afectan a los procesos de aprendizaje, a la salud mental y física, a la calidad de las relaciones sociales y al rendimiento académico (Brackett y Carauso, 2007). La inteligencia emocional se ha encontrado relacionada con un mayor comportamiento adaptado, comportamiento prosocial, más satisfacción con la vida, utilización de estrategias de afrontamiento más adaptativas, mejor salud mental y una mayor capacidad para interrumpir estados emocionales negativos y prolongar los positivos.

Mayer y Salovey afirman que “Es muy importante enseñar a los niños y adolescentes programas de IE que de forma explícita contengan habilidades para percibir, comprender y regular las emociones”. Y para ello se requiere entrenamiento y práctica.

Pero cuáles serían las claves para diseñar estos programas:

1º.- Programas contextualizados en el centro educativo.

2º.- Programas basados en una evaluación de necesidades.

3º.- Programas de intervención que incluyan objetivos, contenidos, actividades y evaluación.

Sabemos cómo debe ser el programa pero ¿cómo y cuándo implementarlo? Considero que las bases teóricas para este proceso deben recogerse en el Proyecto Educativo del centro como filosofía del mismo, lo cual permite que pueda ser compartido por todo el profesorado además de llegar a todos los niveles educativos. También es muy importante sistematizar, fijar una sesión semanal de tutoría cuyo contenido sería programas de este tipo.

En mi centro desde hace diez cursos se viene implementando el programa “Aprender a ser personas”. Entre sus bases teóricas se encuentra la definición de P. SALOVEY y J. MAYER (1990): Incluyen la inteligencia intrapersonal e interpersonal en el concepto de “Inteligencia emocional”como “la capacidad de percibir los sentimientos propios y de los demás, distinguir entre ellos y servirse de esa información para guiar el pensamiento y la conducta de uno mismo”. Trabajamos las COMPETENCIAS INTRAPERSONALES: Autoconciencia Emocional, Autonomía emocional y Bienestar personal y las COMPETENCIAS INTREPERSONALESConciencia Socio-Emocional, Regulación Socio-emocional, Convivencia y cuidado Emocional y Bienestar común. Este programa permite que alumno y profesor aprendan mutuamente; que el profesor conozca mejor a sus alumnos y entienda el porqué de su comportamiento; crear un vínculo afectivo que favorece la empatía además de formar ciudadanos del s. XXI, activos, seguros, confiados, reflexivos, pensantes y responsables. 

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