Tadeo Jones es todo un personaje de animación. Hoy me gustaría traerlo no sólo porque podemos aprendemos el valor de la cooperación, el trabajo conjunto, el respeto a otras culturas… sino por la capacidad de trabajar de modo continuado reflexionando y dejando que la realidad haga hueco.

En estos posts hablamos de proyectos, dinámicas que ayuden a trabajar el tema del voluntariado dentro del aula y, al mismo, tiempo, hemos puesto en conexión estos proyectos con “la aldea” que rodea a los centros escolares.

Vamos ahora a fijarnos en un punto concreto: el tema de la evaluación de los proyectos de voluntariado y emprendimiento social. En un primer vistazo nos tendríamos que fijar en tres puntos:

  • Las personas que han tomado parte como personas voluntarias, ¿han disfrutado?, ¿se han sentido comprometidas con la causa/proyecto?
  • Las personas a las que se han dirigido, ¿ha mejorado la calidad de su vida?
  • La sociedad, ¿ha cambiado en algo con el desarrollo de estos proyectos?

Un previo. Cualquier proyecto de voluntariado debe trabajar para la transformación social. En nuestro caso, desde el ámbito escolar, defenderé que estos proyectos suponen educar no para dar respuesta sino enseñar a formular las preguntas.

Demos vueltas a estas ideas y empecemos con algo obvio. Una evaluación es un proceso sistemático de recogida de información y valoración de la misma. Esta recogida y valoración nos debe permitir comprender lo que ha pasado y tomar las decisiones oportunas para el futuro.

Cuatro son los actores implicados en los procesos de evaluación: los chicos y chicas de primaria, los equipos docentes, las personas a las que va dirigida la acción voluntaria y todo el entorno o “aldea” que rodea el proyecto.

Es importante que durante el proyecto habilitemos herramientas que nos permitan recoger datos de carácter cuantitativo y los de carácter cualitativo. Estos segundos, más difíciles de buscar que los primeros, tienen, sin embargo un valor clave en los procesos de participación social. De ahí que la evaluación no la entendemos como un proceso final que “toca hacer” al final del proyecto. La evaluación se incorpora al trabajo cotidiano de tal manera que concreta y delimita situaciones, define plan de trabajo, guía procesos, valora incidencias…

¿Qué grandes ítems podríamos valorar?

  • ¿Cómo se gestó la idea del proyecto? ¿la implicación de los chicos y chicas? ¿su grado de compromiso? ¿cómo se ha trabajado la motivación? ¿cómo se han desarrollado todos los roles de las personas implicadas?
  • ¿Cómo ha sido el proceso en general? ¿cómo ha sido la comunicación? ¿cómo se ha difundido?  ¿ha llegado la información a todas las personas a las que tendría que llegar? ¿y la coordinación entre todas las personas?
  • ¿Cómo ha sido la colaboración entre todas las personas/partes/instancias implicadas? ¿acuerdos? ¿intercambio de información? ¿reuniones?
  • ¿Se han logrado los objetivos que nos planteamos?
  • ¿Las personas que han participado se sienten satisfechas? ¿en qué ha cambiado la vida de las personas que se han implicado en el proyecto? ¿nos damos cuenta que lo que hacemos influye en la vida de otras personas? ¿se lanzarían a otro proyecto?
  • ¿Hay una reflexión  de la experiencia que se ha vivido? ¿en qué términos?
  • Este proyecto, ¿cómo continuaría?

 

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