Una clave del éxito de cualquier intervención preventiva es el hecho de contar con un sólido diagnóstico previo que identifique las necesidades reales de la intervención.

FECHA: de 15 de octubre a 18 de diciembre de 2020.

DURACIÓN: 50 horas.

DESTINATARIOS: Profesorado en activo de Educación Primaria, Secundaria y Ciclos Formativos, que no haya realizado la actividad con anterioridad.

Es habitual encontrar referencias a la idoneidad del ámbito escolar como espacio para la intervención preventiva de conductas de riesgo, en cualquier edad, pero especialmente en la adolescencia y primera juventud, como etapas vitales en las que se sitúa la edad de mayor probabilidad para su inicio o consolidación.

Sin duda que los objetivos educativos propios del ámbito escolar lo hacen idóneo para desarrollar en él programas y actividades encaminados a reducir la influencia de aquellos factores señalados como de riesgo o de influencia sobre las conductas a prevenir. Los objetivos del sistema escolar coinciden, a su vez, con aquellas actuaciones preventivas cuyo fin es la potenciación de competencias y capacidades personales y la educación en valores positivos y prosociales.

El carácter obligatorio de la presencia del alumnado en esas edades y la importante capacitación de los mediadores educativos de ese entorno, así como la posibilidad de intervenir preventivamente de modo organizado y planificado, son elementos que favorecen la consideración de ese espacio como idóneo para una prevención que se base en estrategias educativas y que persiga conseguir efectos a medio y largo plazo.

No obstante, una clave de éxito ante cualquier intervención a realizar es el hecho de contar con un sólido punto de partida. Se trata de una labor de diagnóstico e identificación de necesidades previa, en la que se valore el nivel de la situación existente, como punto de partida para la intervención a realizar, ya sea por elevarlo o por impedir su deterioro.

Con un conocimiento razonable de cómo se encuentra la realidad sobre la que queremos intervenir, es posible definir de mejor manera los objetivos de dicha intervención y decidir cuáles deben ser las prioridades en la puesta en marcha de acciones concretas.

Por otro lado, entre las conductas de riesgo adolescentes y juveniles que generan más preocupación por su mayor probabilidad de aparición y por la potencial gravedad de los problemas que pueden conllevar situaríamos sin duda las derivadas de los consumos de drogas, aquellas que tienen que ver con ejercer o sufrir algún tipo de maltrato o violencia, las relacionadas con relaciones sexuales de riesgo y las vinculadas con el uso de tecnologías de la información y la comunicación (TIC).

Existen muchas otras, pero las señaladas poseen un carácter de clara preeminencia en nuestro contexto social actual, así como unas interrelaciones tan conocidas como escasamente abordadas desde un punto de vista de la intervención preventiva.

CONTENIDOS DEL CURSO

En este curso encontrarás instrumentos para fortalecer tu papel como profesor ante situaciones de riesgo.

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Resumen