La globalización es un concepto que representa la idea de un planeta abierto a la libre circulación de capital, mercancías, información y seres humanos. Un proceso asociado al desarrollo social mediante el cual se produce un incremento en la dependencia de todo tipo entre los individuos, entidades y naciones En los últimos años han empezado a difundirse estudios y ensayos sobre los efectos perniciosos que la globalización negativa ha supuesto para la sociedad.

Amin Maalouf, escritor francés exiliado en Francia desde 1975 y galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2010, en su obra “El desajuste del mundo. Cuando nuestras civilizaciones se agotan” (Ed. Alianza, Madrid, 2009), plantea que hemos entrado en este siglo XXI “sin brújula”. Nos enfrentamos a nuevos peligros que precisan de soluciones capaces de provocar el cambio hacia una sociedad capaz de ofrecer respuestas mundiales que sólo pueden llegar a través de la vía educativa.

Deberíamos plantearnos el papel de la educación en un mundo globalizado. Encarnación Soriano Alaya, profesora de la Universidad de Almería ha coordinado la obra “El valor de la educación en un mundo globalizado”. También en ella se plantea la nueva situación social que ha generado este proceso de globalización y presenta distintas perspectivas de la educación intercultural como vía para el cambio. Por tanto, los docentes debemos estar preparados para intervenir en las aulas e investigar en una sociedad global y en continuo cambio.

El paisaje de nuestras aulas se ha modificado como consecuencia de los efectos de la globalización y sólo si somos capaces de transformar nuestras escuelas en verdaderas “ESCUELAS INCLUSIVAS” estaremos dando respuesta a los nuevos retos que precisa la sociedad del momento.

En ocasiones, la coexistencia entre diversas comunidades humanas es cada día más difícil, pero debemos ser conscientes de que la presencia de grupos diversos es beneficiosa a la hora de abordar los conflictos y problemas sociales que se plantean. Además, la conciencia hacia la diversidad tiene su origen en los valores que encierra la propia educación. Todos los estamentos sociales y políticos deben ser capaces de considerar el valor de la educación que, por sí misma, tiene la denominación de ser intercultural.

Sólo si existe un marco legal que garantice la igualdad de derechos y oportunidades educativas para todos será posible dotar a nuestros alumnos de unas competencias emocionales, sociales, comunicativas e interculturales necesarias para convertir nuestra sociedad en un espacio donde convivamos en paz y armonía, siempre protegidos bajo el paraguas de valores morales y éticos.

La política educativa debe partir de la realidad de las aulas y hay autores que señalan la Escuela Inclusiva como la opción más valida. El Informe de la UNESCO sobre la Educación para el siglo XXI (1996), en un afán por democratizar la educación propone un nuevo modelo en el que se ofrecen las mismas oportunidades a todos los individuos de una misma comunidad. «La Educación Inclusiva implica que todos los niños y niñas de una determinada comunidad aprendan juntos independiente de sus condiciones personales, sociales o culturales, incluso aquellos que presentan discapacidad» (UNICEF, UNESCO).

Pero ¿qué características debe reunir un centro educativo para convertirse en la práctica diaria en “ESCUELA INCUSIVA”?

  • Una escuela que incluye a todos en la realidad educativa de cada día.
  • Una escuela que reconoce la realidad plural de nuestra sociedad, y en consecuencia de los niños en su Derecho a la Diversidad.
  • Una escuela que no entiende la diferencia como un problema, sino como un valor a integrar, para enriquecimiento del grupo y de cada uno.
  • Una escuela que enseña a valorar las diferencias y las pluralidades de los distintos grupos humanos con curiosidad e interés.
  • Una escuela que acepta la democracia desde su esencia, y entiende que la educación es un proceso básicamente social, en una escuela Integrada y coherente, respetuosa y solidaria.
  • Una escuela que presta especial atención a los alumnos que tradicionalmente han sido excluidos de las oportunidades educativas, tales como los colectivos con necesidades educativas especiales, niños pertenecientes a minorías étnicas y lingüísticas y otros, dando respuesta a sus necesidades y problemas.
  • Una escuela que permite a todos los usuarios adquirir un patrimonio cultural que sostenga el derecho a llevar una vida digna.

Un estudio realizado por la UNESCO identifica como rasgos que distinguen a las escuelas inclusivas los siguientes: son escuelas que crean diversos mecanismos a través de los cuales se combaten las actitudes discriminadoras; en ellas se promueve la hospitalidad y las comunidades sonrientes; establecen un estrecho vínculo entre el aprendizaje académico y los aspectos emocionales, así como la vinculación con la vida y tradiciones locales; ponen especial atención a los alumnos que enfrentan los más altos grados de marginación y desventaja, (Govinda, 2009).

Por supuesto, la convivencia pacífica en un sistema educativo inclusivo está garantizada puesto que se fomenta el desarrollo de capacidades reflexivas y de herramientas para trabajar con otros, para resolver los conflictos de manera pacífica y establecer los acuerdos que regulen la vida en común. Y haciendo un ejercicio de reflexión sobre nuestras escuelas, analicemos en base a estos indicadores para una buena convivencia:

  • Normas y reglamentos: su contenido orientado en función de principios éticos, construidos de manera participativa, aplicados de manera consistente y justa y cuyas correcciones tienen un carácter formativo.
  • Consulta y participación de los padres y madres de familia en decisiones orientadas a la mejora de la escuela.
  • Manejo formativo de conflictos a través de procesos de reflexión, mediación o arbitraje.
  • Fomento del diálogo moral y académico como estrategia pedagógica en las diferentes áreas.
  • Creación de instancias de representación de los distintos sectores de la escuela, a través de mecanismos participativos y equitativos.
  • Capacidad de las personas para establecer un trato interpersonal caracterizado por interacciones respetuosas y consideradas, confianza en otros y en la institución, prevención y atención de conductas de riesgo.

Maalouf sueña “El futuro es construir juntos una civilización global a la que cada uno pueda contribuir y para ello hay que dar prioridad a la cultura. Sólo se conoce a los otros gracias a la cultura. La paz civil se alcanza gracias a la cultura”. El papel de la educación y las escuelas a la hora de conseguir vivir en armonía con nuestras diferencias y diversidad es innegable. Sólo la educación es capaz de ayudar a garantizar un mundo más seguro, más sano, más próspero y que simultáneamente contribuye al progreso social, económico y cultural, al respeto, y a la cooperación internacional; además de una sociedad común que se edifique sobre una firme fe en la riqueza de la diversidad cultural, en la que todas las personas puedan identificarse.

Compartir en...
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter