Fuente: Oxfam Intermon

Amanecíamos esta mañana de lunes con la publicación del informe de  Oxfam Intermon sobre la distribución de la riqueza “Gobernar para las élites. Secuestro democrático y desigualdad económica”. Asombroso, bochornoso, inaceptable…

¡Cómo puede ser  que sólo 85 personas, las 85 más ricas del mundo, tienen una riqueza igual a la que comparten 3.600 millones de personas, la mitad de la población mundial!. O, que en España 20 personas posean una fortuna similar a los ingresos del 20% de la población más pobre. Sin olvidar que vivimos en el segundo país  más desigual en la Unión Europea (sólo por detrás de Letonia).

 

Se ha roto la dinámica de la sociedad del bienestar. Ésta buscaba un reparto de rentas donde las clases más altas redistribuían su riqueza hacia las clases más pobres. Está ocurriendo al revés, son las clases pobres las que a través del incremento de impuestos y la reducción de servicios básicos -educación, sanidad-, están procurando más capital hacia las clases más pudientes. Es como si fuéramos atrás en la historia hacia siglos anteriores rompiendo los avances de las políticas redistributivas consagradas tras el fin de la Segunda Gran Guerra. 

 

En un artículo publicado por Teresa Cavero, investigadora de Oxfam Intermón nos encontramos estas frases: «Allá donde se mire, desde las negociaciones para combatir el cambio climático, los acuerdos comerciales, las negociaciones de paz, la regulación financiera y del secreto bancario, la disponibilidad de alimentos, los sistemas fiscales, los derechos sobre la tierra, la gestión de la crisis financiera, la salud o la educación, la desigualdad está minando los principios de justicia y consolidando privilegios para unos pocos y desventajas para una amplia mayoría» dice . En España, ocho de cada diez españoles opina que las leyes favorecen a los más ricos. 

 

Ante esto, ¿Qué podemos hacer desde la educación?

 

Primero recordar que una de las consecuencias fundamentales de la educación es la reducción de brechas. Más y mejor educación supone menos brechas, más igualdad y por lo tanto mayor desarrollo personal y social. Más desigualdad es menos futuro.

 

Segundo. No olvidar lo que nuestra constitución dice en su artículo 9.2 “Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social”. Creo que desde los ámbitos de la educación debemos recordar constantemente cuál es la función y el interés principal de los poderes públicos.

 

Tercero. Trabajar en iniciativas que nos sitúen en las órbitas del reparto, redistribución y solidaridad. Este blog va dando ejemplos en este sentido. Es fundamental que en el curriculo académico estas iniciativas se hagan presentes. Es preciso revertir la sensación que se tiene que la acumulación de riqueza corroe las instituciones y los procesos democráticos, de manera que las decisiones políticas en vez de procurar el bienestar de la mayoría, sirven a los intereses de la minoría. La futura clase política está hoy en las aulas.

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