2 agosto, 2021

 

Esta semana todos los medios hablan de la noticia. La medallista olímpica Simone Biles abandona la competición de los Juegos Olímpicos de Tokio. Por una lesión mental.

Porque sí, aunque no se oiga el crujido de la mente, a veces ésta también se rompe, se parte en pedazos y salen borbotones de pensamientos viscosos que quedan desparramados por ahí. ¿Quién no se ha roto alguna vez? ¿Quién no ha vivido situaciones en las que sentía que peligraba su salud mental?

 

Vivimos en una sociedad de presión, deportiva, pero también laboral, de salud, de relaciones, económica,….Solo una semana antes de partir hacia los Juegos, le preguntaron a Biles cuál había sido el momento más feliz de su carrera y respondió que “con sinceridad, tal vez mi tiempo libre”.

La ola de comprensión y apoyo que ha desatado el frenazo de la estadounidense ha dejado claro que tenemos un tema pendiente del que hablar: la siempre delicada cuestión del equilibrio emocional y el sufrimiento psíquico.

Toca hablar de salud mental.

“No puede ser un tema tabú, ni un motivo de vergüenza para quien lo sufre”, afirmaba hace diez días la Directora General de Fad, Beatriz Martín Padura, en un encuentro de entidades donde se analizaba de forma conjunta cómo está afectando la pandemia al bienestar emocional de distintos colectivos, en especial jóvenes y población vulnerable; y se exponían proyectos e iniciativas que puedan contribuir a la mejora de la situación.

Los datos son alarmantes en cuanto a las consultas infanto-juveniles; los primeros meses de este 2021 indican un marcado aumento de las urgencias hospitalarias, de los ingresos hospitalarios y  en los centros de salud mental las listas de espera se han disparado, llegando a duplicarse o triplicarse.

Según datos del Ministerio de Sanidad, en España, una de cada diez personas mayores de 15 años ha sido diagnosticada con algún problema de salud mental y dos millones de personas toman ansiolíticos a diario. Y según el INE, doscientas intentan suicidarse cada día y diez de ellas lo consiguen.

Para Beatriz Martín Padura, “son datos devastadores que deben ser visibilizados”.

 

Pero la salud mental, tenerla o no, nunca se ha visibilizado…y mucho menos la de la juventud.

 

Hay gente diciendo que Simone pertenece a una generación de cristal, una generación que no “aguanta” nada. A lo mejor se puede hablar de  generación de cristal pero no porque se pueda quebrar fácilmente, porque sean más frágiles, sino porque nuestra juventud actual se deja ver por dentro.

 

Y en este “dejarse ver”, en esta generación expuesta 24/7 en sus redes, triunfa el postureo, la idea de que jamás se note que no te va “bien”. Porque vivimos en un sistema que hace que puedas tener una medalla, dinero o belleza y sentirte la persona más desgraciada del mundo porque nunca es suficiente.

Y eso crea desequilibrio mental.

Vivimos en tantos espacios competitivos: los estudios, en lo profesional, en los cuerpos, en las oposiciones, en la política, el deporte, en la música… que lo raro es no romperse alguna vez.

 

Para algunas personas Simone es una cobarde y exagerada hablando de su salud mental, pero mostrar  vulnerabilidad también en nuestra mente es de valientes. Ser capaces de poder colectivizar nuestros malestares y pesares hablándolo, dejar claro que romperte mentalmente también “es normal”, es más necesario que nunca.

 

Ni la psiquiatría, la psicología, la filosofía ni otros estudios de la psique, toda la cuestión de la normalidad fue resumida magistralmente en la frase “De cerca nadie es normal”.

Tenemos un afán de normalizar todo, de marcar límites, de encuadrar la única versión oficial de “lo que es normal o no y si entonces hay o no locura”, de trazar cercos a los rayos del sol para que ilumine solamente el estándar autorizado por quienes administran la regularidad.

 

Pero el mito de la normalidad, como la cara de la moneda, nunca va sola, se acompaña de lo divergente, de lo desviado, lo raro, de las otras versiones diferentes que suelen ser varias…y es que, en nuestra sociedad, con tantas normas y presiones, es normal estar a veces normal…y otras veces normal de otra forma.

 

Es normal que la presión deportiva de quienes juegan estos días en Tokio…como las presiones nuestras de cada día en nuestras Olimpiadas diarias, nos hagan salir a veces de la normalidad mental establecida. Es normal romperse a veces. Es normal…no estar normal. Y, por desgracia, es normal no cuidar nuestra salud mental.

 

¿Y TÚ QUÉ….de cerca eres normal?

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  • Patricia dice:

    Pienso que es una verdad como.un templo, que la gente de mi generación (50,s)hemos comenzado a contar con ayuda psicologica pero casi a escondidas, parecia algo sacado de una pelicula de Allen y a nuestros hijos les estamos intentando educar en expresar lo que les ocurre, sin miedos, porque es que no conozco a ninguna persona que no haya tenido un problema de este tipo a lo largo de su vida, mayor de 15 años.

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