7 septiembre, 2021

Bueno, pues llegó el inicio del curso… y seguimos en la quinta ola de la pandemia… esa que se ha caracterizado por pasar de alabar el comportamiento de la juventud en las anteriores olas durante el confinamiento (porque ayudaron a “sus mayores” en lo digital para el teletrabajo, para la vida “online”…), a poner la mirada sobre las y los jóvenes en el postconfinamiento como grandes focos de contagio… Y se ha dicho de tooodo sobre “esta juventud de hoy en día”, sobre sus valores y sobre todo sus “no valores”…

¿Te suena esto?

«Es que la juventud de hoy ama el lujo. Es mal educada, desprecia la autoridad, no respeta a sus mayores. Contradicen a sus padres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros».

Si bien podría ser un tuit de hace unos días ¡de los que encima se hacen trending topic, como el de la imagen de este post!, esta cita corresponde a Sócrates ¡¡sí sí…el del año 470aC – 399aC… es decir, hace 2.500 años que se dijo esto y seguimos en las mismas.

(*Y si lo piensas, cuando Sócrates habla de la juventud de aquella época, esta frase se refiere, entre otras y otros, nada menos que a Platón  :O )

 

La juventud de ahora no es la peor, es una etiqueta que nunca ha cambiado de dueño.

Habría que darle una vuelta al  tema de la mala imagen que se proyecta socialmente de la juventud.  ¿No crees?

 Además, desde marzo de 2020, hemos pedido a nuestra juventud y adolescencias que sean lo que no son. Lo que nosotras y nosotros no fuimos. Que no socialicen. Que no se diviertan. Que no se abracen, no se besen, que no se rían. Que no se junten con sus parejas, porque no son convivientes, que no…

A cambio, como grupo, sólo han recibido ese eterno lamento de “es que la juventud de hoy en día…” ¡incluso hay gente que la ha tratado poco menos que de “asesinos de ancianos”. ¡Y tampoco es para eso!  En la pandemia están haciendo como hacemos el resto, tengamos la edad que tengamos… lo que podemos.

Buuueno, o no del todo… ¡Las estadísticas nos dicen que se han agudizado los datos sobre las pocas horas que dedica la gente joven a las tareas de cuidados o domésticas! Y por ahí, no les podemos justificar… y también vendría bien una reflexión conjunta ¿no crees?

 

El rol y la importancia de las llamadas “tareas de cuidado” quedaron todavía más al descubierto con la llegada de la pandemia, con el contagio social, con las medidas de los gobiernos de todo el mundo,… Se vio que ese “Veinticuatro siete” de estas tareas que están presentes todo el tiempo SIGUE ESTANDO MUY INVISIBILIZADO….

Pero está claro que para sobrevivir, todas las personas necesitamos alimentarnos, tener ropa, asistencia, compañía, y todas las personas en algún momento nos lastimamos, o nos enfermamos, o necesitamos aprender… y eso lo tiene que hacer alguien.

A ese alguien lo han llamado  “la mano invisible del  mercado”. Hay  cientos de miles de manos invisibles (con un % abismal de diferencia de mujeres y niñas)  que en todo el mundo garantizan este trabajo de cuidado.

 

¡Prueba a preguntar a un o una adolescente qué cree que pasa desde que tira la camiseta sucia al suelo de su cuarto y luego aparece por arte de magia doblada y limpia en el cajón de su armario!

¿Cuál será la ruta de esa camiseta?

 

Esta pandemia ha incrementado entre jóvenes y sus madres-padres el nº de frases del tipo: el “Es agotador” y “No puedo más” “Yo ya no sé qué hacer” entre quienes tratan de enseñar –educar y los “mamaaa, papaaa déjame vivir” o los “qué pesad@ eres” de adolescentes en plena “soy una hormona andante y encima no puedo salir de casa”.

La teoría nos la sabemos bien. Que si la adolescencia y los conflictos son normales, algo propio de esta etapa evolutiva. Que si es la edad de rebelarse respecto a lo que se espera que hagan. Que si lo importante es ayudarles a lograr más responsabilidad y autonomía y que eso pasa por hablar, por pactar, por acompañar, por dejar hacer,…

Pero la realidad es idéntica a lo que a muchas personas adultas les ha pasado en su propia adolescencia! Cuando les ocurre a su hija o hijo lo que sienten es que tienen a “un extraño en casa” (tampoco hay dos adolescencias iguales claro) , que no pueden más y el único consuelo que les queda es que esta etapa es como una gripe y en cuanto cumplan los 20 años, ya volverán a llevarse bien.

Aun así…toca no bajar la guardia con las conductas de autonomía y responsabilidad en el espacio común en el que viven y que aprendan, no a ayudar en casa, sino a corresponsabilizarse con su cuarto, la compra, la comida…y lo que haga falta ¡hasta con el horno si no tiene pirolisis.

 

¿Y TÚ QUÉ….limpias la mierda del horno?

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