Hoy, más de 3.000 millones de personas, más de la mitad de la humanidad, estamos confinadas en nuestros hogares por el coronavirus. El COVID19 protagoniza una pandemia que está batiendo todo tipo de records sanitarios, biológicos, económicos y, sobre todo, sociales y emocionales.

¿Y TÚ QUÉ tal estás? ¿Cómo lo llevas? ¿Cómo se encuentra tu gente? ¿Te lavas las manos como dicen los tropecientos mensajes de whatsapp?, ¿Tu provisión de papel higiénico te deja dormir? Con la ansiedad de frenar la curva del virus, ¿se te ha disparado la curva de tus michelines y se te está quedando un “anticuerpo” que pa’qué? ¿Te has puesto otra ropa que no sea el pijama? ¿Te has visto ya todo Netflix? ¿Le das muchas vueltas a lo que estamos viviendo? Tipo: ¡¡¡Estooo es un conspiración china o yankiiii!!! ¡¡¡Es el apocalipsis!! O, como dice el niño del vídeo viral: ¡¡vamos a morir todos!! o ¿¡Y si nos  están engordando para luego comernos?!! …

No queremos trivializar con esta pandemia, a día de hoy llevamos 13.055 personas que han muerto en nuestro país, pero es verdad que el humor nos salva…

El humor, la responsabilidad social ¡¿quién nos iba a decir que podíamos salvar el mundo estando en el sofá!?, la ayuda mutua,  la solidaridad, la unión… nos salvan.

Porque esta crisis está sirviendo, además de para montar festivales musicales en los balcones vociferando el Resistiré, para ponernos a reflexionar un poquito. Y si no lo habías hecho hasta ahora ¡ya toca!

Por muy inmutable, piedra seca, pasota…que seas, fijo se te escapa alguna lagrimilla de emoción y esperanza cuando todo el mundo aplaude en las ventanas, cuando ves el cartel en el ascensor para ayudar a la abuelilla del 4ºB (“Cada anciano que muere es una biblioteca que se quema” dicen, y con esta pandemia se nos están yendo muchas increíbles abuelas y abuelos), cuando las señoras mayores cosen mascarillas sin parar, cuando jóvenes se ofrecen a cuidar a peques para que el personal médico pueda hacer esos turnos de mil horas para salvar vidas…

Estos días se multiplican las iniciativas de ayuda y las muestras de solidaridad de profesionales de todos los ámbitos ofreciendo sus servicios de manera gratuita, redes de comunidades vecinales, apps colaborativas, cultura online gratis…

 ¿Y la gente joven? Ha sido criticada en esta epidemia por un comportamiento inconsciente de tomarse el cierre de las clases como unas vacaciones, salir a hacer botellón o reunirse en casas para hacer fiestas…  Pero es verdad que también desde las primeras semanas surgieron olas solidarias de jóvenes para ayudar a personas de alto riesgo, para hacer de canguro y que demostraron que el altruismo no tiene edad y que la ayuda colectiva es imprescindible.

Porque resulta que ahora, dicen los titulares, hemos descubierto gracias al coronavirus que el ser humano sólo puede sobrevivir gracias a la ayuda colectiva.

Mmmm … Abrimos PARÉNTESIS. (¿Por qué no lo descubrimos como sociedad con la pandemia del SIDA en los años 80 y 90? ¿O la epidemia de Ébola en 2016? ¿O la crisis económica de 2008? ¿Porque eran, respectivamente, asuntos de homosexuales, o de negros del África o de la gente pobre de nuestro país?)

Así, en plan negativo, podemos temer que hemos descubierto la colectividad sólo porque esta enfermedad ha golpeado de lleno a tooodo el mundo – recordemos que ni nos inmutábamos cuando todavía solo causaba estragos en China, ¿verdad?,- y vemos que muere el señor rico, la mujer blanca, el joven hetero, el de la ciudad, la del pueblo… no hay distinción.

Pero en plan positivo, toda esta crisis puede ser un tiempo de oportunidad, de construir desde los cuidados sobre las ruinas de un sistema que se había revelado completamente ineficaz en tantos y tantos ámbitos: en el medio ambiente (este parón brusco de las actividades humanas tiene un gran beneficiado: el planeta ¡se acaba de evidenciar que la crisis climática sí se puede resolver si se quiere!), en los cuidados (de repente ahora se valoran todos esos trabajos invisibilizados que realmente nos sostienen), en lo público, en las diferencias de clase (porque no olvidemos que no es verdad que estemos en el mismo barco todo el mundo. Como mucho estamos en el mismo mar (la pandemia). Pero unos están en yates. Otras agarradas de algo que ayuda a flotar. Y otros sin nada, con sus únicas fuerzas… ¡y si no, veremos que ocurre en África, por ejemplo!

Es curioso que las medidas de «distanciamiento social» nos transmitan un mensaje paradójico: distanciarse por el bien común. Responsabilizarnos en lo social desde lo personal.

Porque sí, los gobiernos se lo tienen que currar, pero lo que nos toca al resto, y es urgente, es autoresponsabilizarnos, crear lazos de entendimiento, redes de cuidados, comunidad; frenar odios absurdos que se están expandiendo por internet, conspiraciones, fake news, parar la curva bulera, hablar con nuestra gente cercana, en redes, en tantos grupos de WhatsApp, en Instagram…y tener claro que, TOCA REFLEXIONAR.

Reflexionar sobre cómo era la vida antes, valorar lo que teníamos, lo que se hacía bien…y sobre todo lo que no se hacía o hacíamos bien.

Reflexionar sobre cómo crear un mundo nuevo post-coronavirus donde sí, cuidemos todo lo que queremos salvar del “viejo mundo” y que hoy está amenazado, pero nos focalicemos en lo que teníamos que cambiar de esa normalidad que ha sido golpeada.

¿Quieres que vuelva esa normalidad?  ¿Nada volverá a ser como antes? Pues sí: ¡Nada volverá a ser como antes!

Piénsalo: compras que no necesitamos, viajes y turismo que colapsan paisajes, individualismo atroz, trabajo inagotable, cuidados despreciados, emociones y cuerpos maltratados, ego por encima del bien común, incapacidad de soltar y parar, hacer , hacer, hacer…

A lo mejor no volveremos a la normalidad porque la normalidad era el problema.

Cuando abandonamos  el “sálvese quien pueda”, el individualismo, y nos comportamos como grupo humano: solidario, responsable, consecuente… en esos momentos, es cuando somos capaces de superar cualquier reto, es cuando brillamos, es cuando VIVIMOS dejando vivir.  

Hay gente que ha empezado a dejar de llamar al virus COVID19, para eliminar un poquillo el poder que tiene como agente de miedo y control de masas…y animan a intentar aprender y sacar lo bueno de esta pandemia. Y por eso le llaman el COVIDA 19, haciendo alusión con el prefijo «co» a una cooperación a la vida, a una oportunidad de crear situaciones vitales, acordes con el nuevo paradigma: bien común,  colectividad y ayuda mutua.

 ¿Y TÚ QUÉ… empiezas una CO-VIDA mejorada?

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