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Hoy toca ponernos seri@s. Arancha, una estudiante del sur de Madrid, se ha suicidado este pasado viernes…tenía 16 años y sufría acoso escolar en su insti.

Dicen que “conocer el problema es parte de su solución” por eso es importante que sepamos qué ocurrió y en qué consiste uno de los problemas que más preocupan a la juventud española: “El 81% de adolescentes españoles confiesa su preocupación por el problema del acoso escolar” y “ el 35% declara haber sufrido al menos en algún momento de su vida acoso o bullying” (Datos de la Confederación de Centros de Enseñanza. 2015)

Ese acoso escolar es el que hizo que Arancha se tirara al vacío desde la sexta planta de su bloque de pisos tras despedirse de sus amigas por WhatsApp: “Estoy cansada de vivir”, escribió en el mensaje. Era un poco antes de las nueve de la mañana, cuando en el instituto al que asistía estaban empezando las clases un día más, un instituto que sabía de la situación de acoso de Arancha, puesto que ella lo había contado a su profesorado e incluso hacía apenas un mes había denunciado en la comisaria de la policía junto a su familia.

Fueron a la policía cuando las tutoras de Arancha avisaron a la madre de que estaba sufriendo acoso escolar por parte de un compañero del centro. Le exigía dinero y ella se puso a trabajar para conseguirlo. “Cuidaba de gente mayor y juntó los 50 euros que le pedía este sinvergüenza”, relataba un familiar de Arancha. Según también estos familiares: “No era la única a la que tenía atemorizada en el instituto, pero sí la única que lo denunció”. En esa primera denuncia policial del 29 de abril, luego habría otra, relataba los abusos de su acosador y de un grupo de “unos cuatro o cinco alumnos más”“Guarra, ¿qué dices de mí? Voy a ir a pegarte. Me cago en tus muertos”.

Precisamente el profesorado de Arancha había citado a la familia el próximo lunes en el centro para abordar el caso al “notarla muy nerviosa”. Pero el lunes ya era demasiado tarde.

Ante todos estos datos nos toca reflexionar sobre qué pudo fallar y aprender de los posibles errores de cada una de las partes implicadas para prevenir futuros casos. Dos primeras reflexiones:

La primera para evidenciar como la gravedad de estos casos se acentúa debido a que el acoso ya no se da sólo en el patio del colegio, continúa a través de las redes sociales durante 24 horas: el ciberacoso. En el caso de Arancha el acosador la incluyó en un grupo de WhatsApp donde le mandaba “insultos y audios”. Ella se salió varias veces del grupo “siendo de nuevo incluida para volver a ser insultada y vejada”. En ese grupo estaba el menor, otra joven de 16 años antigua alumna del centro y “cuatro o cinco alumnos más”. Le mandaron varios mensajes “con palabras tales como zorra, guarra, puta, repitiendo estas palabras una y otra vez”.

A nivel internacional fue el caso de Amanda Todd el que marcó un antes y después para comenzar a considerar el ciberacoso como un delito. Amanda, de 15 años, se suicidó tras sufrir en primer lugar un caso de sextorsión y después de acoso y ciberacoso por estas imágenes en sus institutos. Cuando tenía 12 años fue engañada por un adulto (al que luego el grupo de hacker Anonymous identificó para vengar a Amanda) que consiguió una captura de ella mostrando brevemente los pechos por la webcam, un año después al no ceder a mandarle más vídeos dicha captura fue distribuida entre sus familiares, amig@s y compañer@s de instituto e incluso profesorado. Aunque cambió varias veces de centro escolar para huir del linchamiento y aislamiento social que sufrió como consecuencia del vídeo, la situación de acoso no se detuvo. Un mes antes de quitarse la vida Amanda publicó en Youtube, usando cartulinas escritas, un vídeo que describía su infierno.

Amanda terminaba su vídeo (que puedes ver pinchando en enlace de arriba) diciendo que “no tenía a nadie y que necesitaba a alguien», aconsejaba además en su presentación que “Si ves que alguien está siendo acosado, no dudes en decirle al abusón que pare. Asegúrate de que sepa que lo que hace está mal y que no deberían acosar a otros chicos”. Y aquí vendría la segunda reflexión. Arancha también contó en su denuncia que algunas compañeras y compañeros sí recriminaban a su acosador, encarándose con él: “Déjala, vas a por la más débil”. Pero, al igual que Amanda, decían también sentirse sol@s.

Jokin con sus 14 años en el País Vasco (el caso que marcó el punto de inflexión en España sobre la sensibilización sobre el acoso escolar), Mónica con 15 años en Ciudad Real, Sarai de 13 años en Mallorca, Carla de Gijón con 14 y ahora Arancha con sus 16 años…los últimos casos de suicidios de jóvenes que no vieron otra salida que la muerte ante su situación de acoso en sus institutos. Unos institutos que en teoría deberían ser espacios de aprendizaje, cooperación y compañerismo, pero ¿qué tipo de compañeras o compañeros somos ante situaciones de acoso? Esa, también, debería ser nuestra reflexión.

¿Y TÚ QUÉ… te posicionas activamente contra el acoso escolar?

Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=hbTEOGL0vQ0

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