“Muchos de los grandes movimientos del mundo, de pensamiento y acción, han fluido del trabajo de una sola persona. Un monje joven empezó la reforma protestante; un joven general, quien extendió su imperio desde Macedonia hasta los confines de la tierra; una mujer joven, la que reclamó el territorio de Francia; un joven explorador italiano quien descubrió el Mundo Nuevo, y fue un Thomas Jefferson de 32 años quien proclamó que todos los hombres son creados iguales.”

“Dame un punto de apoyo y moveré la tierra”, dijo Arquímides. Esas personas cambiaron el mundo e igual podemos hacerlo todos”

J.F.K.

En muchas ocasiones las iniciativas pedagógicas no acaban de funcionar por problemas de liderazgo. Es complicado poner en marcha una propuesta de innovación que haga de la convivencia entre todos los sectores educativos una herramienta de transformación. Por esta razón, es tan importante liderar de forma adecuada los procesos de cambio, estableciendo los cauces necesarios para lograr una participación real entre los distintos miembros de la comunidad educativa.

Bernard M. Bass nos habla de las diferencias que existen entre el liderazgo transaccional y el liderazgo transformacional. La contraposición entre ambos tipos de líderes explica en muchas ocasiones el éxito o el fracaso de distintas iniciativas.

El liderazgo transaccional se basa en la recompensa y en la supervisión. Un líder transaccional es una persona que analiza el trabajo de los demás, recompensa de forma justa los buenos resultados y establece medidas correctivas cuando no se cumplen los objetivos marcados. En general es un tipo de líder que evita tomar decisiones que puedan llevar a cambios importantes en la organización.

En el polo opuesto tenemos al líder transformacional. Su objetivo está más dirigido hacia los individuos. Su forma de liderar no es analítica, es motivadora. En las personas que trabajan con él provoca una serie de cambios, haciéndoles ver la importancia de su trabajo dentro del proyecto colectivo, poniendo de relieve las necesidades de cada uno y motivando para que cada compañero alcance sus metas. A la hora de organizar el trabajo tiene unas premisas muy diferentes. Para él los objetivos se consiguen a través del compromiso de todos, por esa razón dedica tiempo a motivar, a comprender, a hablar con cada una de las personas que forman parte del equipo. En su libro “El cambio”, explica Richard Gerver cómo escuchando a uno de sus profesores que no pensaba implicarse más que lo justo en el nuevo proyecto, dio con la clave para transformar por completo su compromiso con el centro. Es complicado encontrar a un líder que escuche, y es todavía más complicado encontrar a una persona que, escuchándonos, sea capaz de hallar las claves que nosotros no somos capaces de ver.

Por otro lado, es completamente necesario que el líder sea capaz de alimentar todo el proceso, promoviendo el entusiasmo. Esa energía tiene que ser transformadora, de forma que cada persona sienta que está trabajando para conseguir sus propios objetivos dentro de la organización. Para que esa iniciativa pueda ser compartida, todos deben hacer suya la idea que el líder transformacional está comunicando. Ese relato individual tiene que convertirse en un relato colectivo, donde cada persona note que se valora su aportación al trabajo conjunto.

En este punto debo destacar la importancia de la forma de comunicar la idea. La mayor parte del éxito de cualquier proyecto que haya tenido al frente un líder transformacional se ha basado, sobre todo, en su capacidad para transmitir a los demás un concepto general. Este concepto se convierte posteriormente en un símbolo, en una meta conjunta.

Esta visión y esa meta son las que transforman a las personas.

Otra de las cuestiones que deben definir a este tipo de líderes es que se encuentren en la primera línea de trabajo, no escondidos en un despacho. Liderar un proceso de cambio no es ponerse detrás de una mesa, dar instrucciones a otras personas y esperar a ver resultados. Es necesario estar en ese proceso. Hay que compartir lo problemas que puedan surgir, resolverlos sobre la marcha y preocuparnos por el avance que se está generando con el esfuerzo de todos.

Otra de las características de los líderes transformaciones es ese misterio llamado carisma. Mucha gente define este rasgo como una especie de magnetismo, una forma de generar empatía en los demás. Al hacerlo, un líder carismático tiene la virtud de expresarse con claridad y conseguir que las personas que le escuchan se pongan en movimiento. La llamada a la acción es una de las cuestiones más importantes. Y esta llamada debe mantenerse en el tiempo. No basta con encender la mecha, es necesario dirigir el incendio. Si en cualquier momento las personas empiezan a pensar que las metas dejan de ser alcanzables, el líder perderá credibilidad y se detendrá el movimiento. La única posibilidad para conseguir que todo funcione es que se genere continuamente una responsabilidad compartida, un compromiso con los objetivos que esté por encima de las dificultades que cada uno pueda encontrarse. Para conseguir esto no hay nada mejor que realizar una serie de pequeñas celebraciones o actos simbólicos a lo largo de todo el proceso. Todo camino se divide en etapas y es importante que el equipo celebre esas etapas. Si un grupo de profesores empieza a poner en marcha un proyecto a largo plazo, necesitamos mantener el entusiasmo durante todo el camino. Y no hay nada mejor que celebrar de forma conjunta cada meta conseguida. Cada vez que crucemos una línea el equipo debería celebrarlo. Esto no sólo contribuirá a unir al grupo alrededor de la idea, también mantendrá la idea viva.

Podría citar numerosos ejemplos en los que el liderazgo transformacional ha cambiado por completo el funcionamiento de un centro educativo, de una fundación o de una empresa. Lo más importante es que seamos conscientes de que nosotros podemos formar parte de ese cambio. Como profesores, como directores, podemos utilizar estas estrategias para implicar a toda la comunidad educativa en la mejora de nuestro centro. Comencemos a hacerlo.

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